Los nuevos desafíos de la contrainsurgencia

Counter Insurgency header 600Ante los desafíos de hoy en día (la proliferación de guerras de estados contra grupos no estatales, terrorismo y movimientos insurgentes), es necesario realizar un análisis de los métodos utilizados para combatirlos y comprobar su eficacia ante las novedades estratégicas y de organización de las insurgencias; en definitiva, descubrir, por tanto, si es necesario un cambio logístico y estratégico en los métodos de contrainsurgencia.

Hay que tener en cuenta que el origen del concepto nació entre los años 1944 y 1982 para hablar de la acción y respuesta contra-revolucionaria que se desarrolla con la utilización de todas las medidas posibles para tal fin. No obstante, para comprender bien lo que es una contrainsurgencia, uno antes debe saber lo que es una insurgencia; David Kilcullen, jefe estratégico de la Oficina de Coordinación de Contraterrorismo en Washington D.C., lo define como “a struggle to control a contested political space, between a state (…) and one or more popularity based, non-state challengers”.

Tras esto, podemos pasar a especificar qué conduce a la insurgencia y, por tanto, a comprender las necesidades de la contrainsurgencia. La insurgencia, antes, era entendido como un movimiento revolucionario que desafiaba a la estructura política y social de una región, mientras que la contrainsurgencia era el esfuerzo de mantener la autoridad del estado. No obstante, hoy en día se percibe lo contrario: la insurgencia pretende preservar el statu quo ante los cambios y las exigencias de la globalización del siglo XXI; aun así, no podemos categorizar a todas las insurgencias de esta misma manera, puesto que muchas de ellas (como vemos en Iraq, Afganistán o Siria), son producto del desmembramiento, el fallo político de un estado o de un conflicto anterior. Claramente vemos, por tanto, que la insurgencia actual se puede dar por diversos factores entre los que destacan: la defensa de un statu quo, una respuesta a lo establecido en la época colonial, el fallo de una política o un estado y como rebeldía ante la globalización moderna.

Iraqi Freedom

El desafío de la contrainsurgencia se encuentra entonces en detectar la insurgencia antes de que ésta explote, antes de que la situación se vaya de las manos y la posibilidad de evitar el conflicto se haga remota. Por otro lado, es necesario añadir que existe una gran necesidad de demostrar la distinción entre el terrorismo y las guerrillas, formas fundamentales hoy en día de insurgencia –sin una distinción clara, la contrainsurgencia se dirige al fracaso.

Descubrimos, por tanto, que las intenciones de las nuevas insurgencias no es lograr el poder político o una situación de pleno derecho y equilibrio, sino que su acción y dirección se ha convertido en una batalla por la atención global, por el protagonismo mundial y la inmortalización de su causa –que ha de ser perpetua porque si ésta termina, sus ejecutores dejan de ser. Los nuevos escenarios de operaciones y estrategias de las insurgencias se concentran hoy en día, por tanto, en una de las armas e instrumentos más empleados, diversificados, descontrolados y emocionalmente manipuladores: la red y los medios de comunicación (de ahí que se consideren el cuarto poder); y lo que lo hace más peligroso aún es que es un espacio todavía desconocido y demasiado para controlar y abarcar. Sólo hay que ver lo que está logrando el grupo Daesh a través de los medios: su finalidad de establecer una política de terror se expande y se fortalece a través de los medios de comunicación y, sobretodo, a través de la red (con las herramientas de la imagen y el vídeo consiguen más seguidores y voluntarios para su causa). ¿Por qué emplean las redes sociales? Porque presentan mayor estabilidad (sortean los bloqueos o controles de seguridad), existen menos barreras de entrada, tienen mayor atractivo visual y usabilidad, los perfiles personales pueden convertirse en perfiles militantes y porque se mueven en un nuevo entorno de comunicación y tecnológico. No obstante,  también las redes sociales se pueden convertir en una contraofensiva, desde donde poder dialogar y acoger a esos jóvenes que buscan su espacio en el terrorismo.

Marines-Helmand-jirga

La contrainsurgencia, por tanto, se encuentra ante un nuevo desafío: implementar su trabajo en los medios de comunicación con un mayor control y acción a través de las redes, allí donde las insurgencias se hacen fuertes y operan, para prevenir el fortalecimiento y futuras víctimas del terrorismo. Además, es necesario anular las fuentes de recursos de los movimientos insurgentes –las redes de comunicación, fuentes de financiación ilegal (normalmente de donaciones, narcotráfico, droga, corrupción…)…- y desarrollar una actitud de colaboración a nivel regional y global, que no unifique (puesto que la unificación de los esfuerzos dentro del ámbito operacional de la contrainsurgencia es prácticamente imposible), sino que coordine la información y la acción: “Tenemos que hacer frente a las amenazas con firmeza colectiva y con una colaboración amplia”, señaló el embajador en Madrid de los Estados Unidos, Krishna R. Urs (de nada sirve cualquier acción militar si no se potencia la colaboración y los lazos entre las comunidades para detectar a esos jóvenes problemáticos que caen más fácilmente en las redes terroristas y educar en valores). Por último, añadir que es fundamental el trabajo social y el manejo del conflicto y del post-conflicto a través de agencias especializadas e instituciones dedicadas a la reintegración y a la reinserción social y política de los afectados por el conflicto (es decir, potenciar el trabajo del DDR, SSR y 3R) para que no se desarrollen futuros grupos de insurgencia o “lobos solitarios”.

MARTA Gª OUTÓN

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