Libia, objetivo para la seguridad internacional

libya_conflictDesde que estalló la Primavera Árabe en el país y la coalición internacional, colaborando con los movimientos rebeldes, derrocó a Gadafi, Libia no ha vuelto a ser punto de atención de Occidente, hasta este año, cuando el Estado Islámico declaró y demostró su presencia en suelo libio. La amenaza que esto supone para Occidente –por su ubicación en el norte de África y frente a las costas del sur de Europa-, acrecentada por el apoyo de grupos armados a este movimiento insurgente (milicias de Ansar al Sharia, los Mártires de Abu Salim y los Muyahidín de Libia (ML), alineados con el Califato), así como su expansión entre la población más joven, ha atraído el debate sobre Libia de nuevo a las salas de operaciones de inteligencia y contrainteligencia de España y de Europa.

Las medidas fundamentales que se están teniendo en cuenta en nuestro país para la intervención en Libia se centran en el freno del terrorismo internacional. Con esta situación, el exministro de Asuntos Exteriores y embajador de España, Marcelino Oreja, asegura que entornos estratégicos como la seguridad de África se consideran vitales para España. El terrorismo internacional, actualmente protagonizado por el Daesh, es el que está modificando todas las agendas políticas, especialmente las concernientes a seguridad y defensa; por eso, el secretario general de Defensa, Alejandro Alvargonzález, advierte de la amenaza del Estado Islámico para España, por lo que no deja de insistir a la comunidad internacional de que tome medidas para frenar su actividad en países del norte de África, especialmente Libia. España, por tanto, ante el avasallador protagonismo de la crisis en el este (Ucrania y Rusia) insistirá en la OTAN la defensa del flanco sur (Libia) y el enfrentamiento al terrorismo internacional con la creación de una guía política y un plan de actuación conjunto. De momento, la OTAN ya ha empezado a llevar a cabo medidas de seguridad, así como la Marina italiana, el Ejército francés y las Fuerzas Armadas españolas, aumentando su presencia en las bases fronterizas y planteándose la intervención militar en Libia para evitar el acceso a Europa de los terroristas, ya que el flanco más débil es la zona griega –actualmente en crisis-.

No obstante, de momento, la situación en Libia se encuentra eclipsada por otros focos de tensión, como Yemen, Irak, Siria o Ucrania. La prensa árabe, al contrario que la nuestra, habla mucho de la amenaza yihadista en el norte de África y puntualiza que el mayor riesgo en Libia es el deseo del Estado Islámico de implantar allí su nueva base.

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 PLAN DE ACCIÓN DE INTELIGENCIA Y CONTRAINTELIGENCIA

Ahora que España se encuentra dentro del Consejo de Seguridad, debe aprovechar su puesto para incentivar la intervención en el norte de África puesto que, lo que pase allí concierne a toda Europa, aunque más a España, ya que nuestro país se encuentra bajo la amenaza del terrorismo islámico (quien ya ha indicado varias veces que La Península pasará a convertirse en su próxima zona de control).

Una primera intervención militar en la zona, según los cuerpos militares españoles, es fundamental para que sea posible actuar después de forma adecuada en el post-conflicto desde una postura pacífica y constructiva. Para ello, es importante la colaboración europea-africana, llevar a cabo planes liderados por los libios y con una seguridad garantizada por países aliados de Occidente. Una vez estabilizada la zona, se podrá garantizar la llegada de inversiones y la seguridad a largo plazo en la zona.

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Primordialmente se deberá reforzar la seguridad fronteriza para limitar las posibilidades de expansión y acceso del terrorismo y del conflicto al sur de Europa; las cinco horas que separan África de Europa están controladas de forma muy limitada y sin una adecuada colaboración internacional de información y seguridad; aquí, la labor de investigación, inteligencia y ayuda humanitaria debería estar muy bien coordinada para detectar y detener antes de tiempo la posibilidad de un acceso terrorista camuflado entre la masiva entrada de inmigrantes. Por otro lado, se debe actuar más en el interior del país en colaboración con las fuerzas gubernamentales; esta actuación debería estar dirigida para frenar la expansión del terrorismo por las áreas más vulnerables a ello y cortar sus redes de comunicación y sus centros de mando.

Para ello, España debe pasar a una actitud más involucrada en los territorios conflictivos cercanos: Túnez, Libia, Egipto… puesto que amenazan de forma directa la seguridad nacional. En La Península, desde la intervención en Iraq, reaccionamos de forma bastante dubitativa y nada decisiva en las situaciones de conflicto, pero la actitud de España debería ser preventiva y constante para mantener los intereses de nuestro país intocables y para frenar las amenazas a la seguridad nacional e internacional, además de que es responsabilidad de nuestro país desde que es miembro de las Naciones Unidas.

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A la par, la tarea de cooperación, mediación y diálogo es fundamental para la reconstrucción política y social del país y esto no es sólo una labor gubernamental, sino también de la sociedad, imitando el proceso exitoso de Túnez y Sudáfrica. Hasta que las partes enfrentadas no hayan pasado por un proceso de reconciliación y reconstrucción que den paso al diálogo –aquí es necesario el trabajo de mediación-, jamás será posible un entendimiento político y una voluntad de avance conjunto entre las partes enfrentadas.

Sin embargo, nada se puede sustentar sin una economía favorable, con un reparto de la riqueza de forma controlada y equitativa. Para ello, es fundamental potenciar los puntos fuertes económicos del país e invertir en ellos (el petróleo). Para conseguir este avance, tanto político como económico se necesita, por tanto, del apoyo de organizaciones internacionales que faciliten mecanismos políticos y económicos. La presencia extranjera para esta transición es fundamental y su papel debe ser protagonista en la mediación y en la negociación para el reparto de poder y de la riqueza entre ambos bandos, en el freno de la injerencia regional que aumenta la violencia extremista y, por supuesto, en el crecimiento económico potenciando las inversiones en el país, ya que el paso del tiempo sin una inmediata actuación en la zona podría agravar aún más la situación de Libia.

Es fundamental actuar pronto antes de que empeore o se haga imposible cercenar el desequilibrio reinante en la zona, como pasó en Iraq o Siria.

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