Armas nucleares: inseguridad internacional

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Pablo Blesa, profesor y vicerrector de Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de Murcia, habló en las II Jornadas sobre Políticas y Seguridad Internacional sobre la necesidad del desarme nuclear para alcanzar la gobernanza global. Ya los inventores de la bomba atómica durante el Proyecto Manhattan predijeron en su momento el peligro que conllevaba su introducción en el campo bélico y su utilización como herramienta de guerra, asegurando que después de lanzar la bomba en Hiroshima y Nagasaki, la mayoría de los estados lucharían por hacerse con el secreto nuclear y, por tanto, resaltar como potencia hegemónica al poseer un arma tan poderosa y altamente destructiva. No se equivocaron. El lanzamiento de la bomba nuclear supuso el final de la II Guerra Nuclear pero también la apertura de una nueva etapa bélica: la Guerra Fría (no definitivamente cerrada con la caída de la Unión Soviética, pues aún existe esa carrera armamentística nuclear al incorporarse nuevos actores como amenazas nucleares emergentes: India, Pakistán, Irán…).

Los vencedores de la guerra, actuales miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EEUU, Gran Bretaña, Unión Soviética, China y Francia) –que, irónicamente, su función es velar por la paz y la seguridad internacional-, el 6 de Agosto de 1945 se alzaron como poseedores de ese gran secreto, amenazante y poderoso, “premio” por sus esfuerzos victoriosos durante la II Guerra Mundial –de forma legal por el derecho internacional-. Este desajuste armamentístico y esta hegemonía de poder de los vencedores, por supuesto, levantó esa indeseada carrera nuclear durante la década de los 60 que, con el fin de lograr la seguridad dentro de estos países, no hizo más que generar una rápida y tensa aproximación de una nueva Guerra Mundial (aquella vez terminal, al ser la bomba atómica el arma protagonista). Ante esta situación, indudablemente reconocida la falta de seguridad en esta desequilibrada y errónea búsqueda de la seguridad nacional e internacional a través del ámbito bélico nuclear, en el año 1968 nace el Tratado de no proliferación nuclear, el cual limitó el avance en el desarrollo nuclear de los países que ya lo poseían y evitaba su proliferación en aquellos países que podrían emerger como nuevos agentes de amenaza; toda la comunidad internacional ratificó este acuerdo salvo aquellos que, evidentemente, se sintieron marginados por la balanza de poder retenida en los cinco países vencedores: Israel (1969), India (1974) y Pakistán (1998). Esto muestra, sin duda, que había una intención por parte de los países poseedores de armamento nuclear de frenar esa carrera sin dirección ni seguridad, pero eso no solucionó que, ante los nuevos cambios sociales y políticos, nuevos actores del mapa global  desearan formar parte de esa balanza de poder –descubriendo en el armamento nuclear su forma de acceso a ella-, aunque esto supusiera infringir la ley del derecho internacional.

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Esta situación y actitud ha acarreado, según explicaba Pablo Blesa ratificando las palabras del Pentágono, que de ahora en adelante se puedan encontrar más de treinta países con desarrollo nuclear, incluyendo entre ellos a actores no estatales (quienes, sin duda, no les interesaría abrir ninguna negociación o diálogo para limitar o coartar su arsenal cuando quizás entre sus fines se encuentre la destrucción total de una etnia o país o a quienes tampoco les sirve ninguna estrategia de disuasión). Hablando más claro de las amenazas nucleares más actuales y latentes podríamos destacar Corea del Norte e Irán (ahora de diálogo y negociación con Estados Unidos como hizo en su día la Unión Soviética); ya que en ambos países se encuentra el factor de su ansia hegemónica regional y global y, por su puesto, su carácter impredecible.

Por un lado, Corea del Norte, dominado por un tirano altamente caprichoso y con gustos por el desarrollo militar. Un país pobre, a diferencia de su vecino del sur, pero que sin embargo ha sido capaz de nuclearizarse y desarrollar su capacidad tecnológica militar (con misiles de corto alcance y la posibilidad de conseguir misiles de alcance continental). La amenaza que supone Corea del Norte para su entorno (principalmente Corea del Sur y Japón), ha afectado a la actitud de desarme nuclear en esa zona asiática convirtiendo a Japón –desarmado desde la II Guerra Mundial- en un agente deseoso de desentrañar una carrera nuclear preventiva[1]. Por otro lado, y casi más de interés internacional, se encuentra Irán, ya que ha accedido a una negociación nuclear con el Grupo 5+1 durante los próximos 12 meses, cuya país –al igual que Estados Unidos- se encuentra en una fase terminal presidencial que podría dar paso a una nueva línea política (el Líder Supremo en el caso iraní y el partido republicano en el caso norteamericano) que desmantele los avances en el diálogo. El país tiene capacidad tecnológica para construir la bomba atómica pero no posee dicho instrumento, según el Director Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, James R. Clapper[2]. La polémica que se ha levantado en torno a las consecuencias que podría acarrear dicha negociación (levantamiento de las sanciones en torno a la economía iraní y el stock de material nuclear que se le permitiría mantener al país), visto como una amenaza posterior para la seguridad internacional. No obstante, es más la desconfianza y la falta de negociaciones históricas entre Irán y el resto de países lo que agrava el avance o el consenso final –una situación que igualmente fue similar entre Estados Unidos y la Unión Soviética hasta que se decidió zanjar las diferencias y avanzar de forma común a través de acuerdos-. Por un lado, el desarrollo nuclear en Irán garantizaría su hegemonía regional chiíta y le concedería impunidad expansionista por Oriente Medio; pero, esta alternativa arriesga la respuesta militar que ya se sufrió en Irak o Siria y el país no se encuentra económicamente preparado para solventar estos gastos sin que el país sufra a costa de ellos (como se ve en Corea del Norte, que todo el presupuesto se dirige hacia el ámbito militar). Un acuerdo definitivo ayudaría a su reconocimiento internacional, por tanto, al liderazgo regional, y a un impulso económico (a través de exportaciones de petróleo).

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¿Qué ha provocado, por tanto, que se inicie esta carrera armamentística nuclear, cada vez más compleja y descontrolada?[3] Los países más sufridores durante la Guerra Mundial (como Francia y Gran Bretaña), sin duda buscaban recomponer su imagen y poder a nivel internacional y la posesión de un arma tan disuasoria como la nuclear, les garantizaba regresar a ese nivel de prestigio que habían dejado atrás antes de la guerra. Por otro lado, la aparición de nuevos estados con acceso y desarrollo de armamento nuclear (principalmente Israel) se ve motivada por la necesidad de protegerse de vecinos que buscan su destrucción total o parcial. Los países más pobres (como Pakistán), sin duda desarrollan este papel al verse también amenazados, pero desde una posición desventajosa con respecto a un enemigo que igualmente posee tal amenaza (India).  En cambio, las potencias, protagonistas e impulsoras de esta extendida Guerra Fría (EEUU, Rusia, China…) en sus sucesivas intenciones de controlar y reducir el armamento nuclear, buscan desarrollarlo y limitar su uso en armas convencionales para que su capacidad destructiva no sea tan desmedida, impredecible y descontrolada como lo fue cuando se detonó al terminar la II Guerra Mundial.

Tras este análisis encontramos cuál puede ser la mayor amenaza global dentro del sector nuclear: la aparición de actores no emergentes con armamento nuclear, que se añade a la amenaza global de la extensión del terrorismo. El avance bélico que se está sucediendo en Oriente Medio está facilitando el acceso de algunos de estos actores (como el Daesh o Al Qaeda) a material nuclear abandonado por las tropas derrotadas o no controlado por la inspección nuclear, así como la posibilidad de acceder a ello a través del mercado negro –la compra fragmentada de materiales- (Pakistán), un estado (Irán o Corea del Norte) o contratando a científicos preparados.  He aquí la importancia del control del desarrollo de la energía atómica (Agencia Internacional de la Energía Atómica o el Tratado de no-proliferación nuclear, 1968, Convención de Armas Químicas y Convención de Armas Biológicas y Tóxicas), el diálogo y la negociación con esos países con capacidad nuclear (Irán) y el desarrollo de nuevas estrategias sujetas al nuevo orden político-social en el que vivimos, muy lejano al de la Segunda Guerra Mundial, que aún permanece vigente, a través, principalmente de la ONU, la OTAN, el G-8 o de las distintas políticas de cada país.

MARTA Gª OUTÓN

[1] “El desarme nuclear como reto para la gobernanza global”, GESI, Seguridad Internacional, Disponible en [http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-desarme-nuclear-como-reto-para-la-gobernanza-global].

[2] MASEGOSA, José Luis: “Bombas nucleares, acuerdo o statu quo, las alternativas de la Ayatolá Ali Jamenei”, GESI, Seguridad Internacional, Disponible en [http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/bombas-nucleares-acuerdo-o-statu-quo-las-alternativas-del-ayatol%C3%A1-ali-jamenei].

[3] “El desarme nuclear como reto para la gobernanza global”, GESI, Seguridad Internacional, Disponible en [http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-desarme-nuclear-como-reto-para-la-gobernanza-global].

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