Una operación especial de éxito: Operación Maersk Alabama

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Sin duda alguna, la actividad de piratería por las costas africanas y asiáticas es constante, pero desde hace algunos años pocos han sido los éxitos en los intentos de secuestro y abordaje. No obstante, eso no quita que siga siendo un problema internacional y que tenga serias repercusiones.

connecting-history-maersk-alabama-02Para poder prevenir y contrarrestar los efectos de la piratería en las costas africanas y asiáticas, sería interesante, primero, conocer las causas de su aparición. Sin duda, estas son las principales: la geografía costera (con acceso a importantes puertos navales) y el alto tráfico marítimo de compañías extranjeras, la debilidad del sistema judicial de los gobiernos locales (que incluso a veces trabajan en cooperación con la piratería, beneficiándose de sus resultados), inseguridad política que influye en la inseguridad marítima (en el caso de Somalia, el país lleva años sumido en guerra civil, que ha provocado que aumenten las bandas criminales y terroristas que neutralizan cualquier intento de orden y seguridad), pobreza y falta de oportunidades laborales (las Naciones Unidas dejaron de intervenir en el país hacia 1990 y desde entonces la región ha dejado de obtener atención internacional, por lo que su economía ha quedado estancada por la falta de incentivos y ayudas; la cultura de ganadería y pesca del país favorece que exploten la piratería como un remedio a su situación de escasez) y una irremediable aceptación por parte de la población local (puesto que las víctimas no son las gentes de la región, las cuales también se benefician de lo robado, sino las compañías extranjeras que cruzan las aguas llevando mercancías de comercio o de ayuda humanitaria). Las operaciones criminales marítimas se pueden desempeñar fácilmente desde las costas o las villas cercanas a los puertos; no necesitan más que pobres lanchas pesqueras o barcos de poco tamaño, ligeros y rápidos.

El siguiente estudio se centrará en analizar la operación militar llevada a cabo por los U.S. Navy el 12 de Abril del año 2009 para rescatar el navío y a la tripulación (21 miembros a bordo) del buque de carga Maersk Alabama, bajo la capitanía de Richard Phillips, tomado por un grupo de piratas somalíes que actuaban bajo las órdenes de señores de la guerra cuando se el buque se encontraba a unas 240 millas de la costa de Somalia, el cual se alargó con el secuestro del Capitán en un bote salvavidas. Este evento fue registrado como el primer abordaje pirata con éxito a un navío con bandera norteamericana desde el siglo XIX.

PLANEAMIENTO Y OPERACIÓN

El Maersk Alabama avisó, tras eludir el primer intento de abordaje, de que dos lanchas, pilotadas por piratas somalíes estaban siguiéndolo; fue a los treinta minutos después cuando se confirmó que los asaltantes habían conseguido enganchar uno de los garfios en el navío y estaban accediendo al interior (a las 7’30 a.m). Gracias al entrenamiento anti-piratería al que habían sido sometidos la tripulación del buque, los atacantes no consiguieron hacerse con la totalidad de su objetivo, pero el asalto continuó con el secuestro del Capitán Phillips en un bote salvavidas (en el que permaneció durante días), al que sus compañeros trataron de intercambiar por uno de los piratas prisioneros en el Alabama. Con el aviso del suceso, intervino el equipo de Navy SEAL 6, el destructor estadounidense Bainbridge, la fragata USS Halyburton y algunos aviones de vigilancia Navy P-3. Por lo tanto, el plan de la operación especial era, primordialmente, recuperar medios materiales (el barco) y humanos (el Capitán y su tripulación), pudiendo darse la de destrucción física de objetivos humanos (los piratas somalíes) en caso de que la situación se encontrase descontrolada y llegasen los refuerzos que los piratas estaban esperando (que de hecho pasó).

maersk-alabamaEl procedimiento inicial fue el establecimiento de contacto con los secuestradores, observar y estudiar la situación (número de piratas involucrados, contacto visual con la víctima, condicionamientos a favor y en contra…) para después plantear la negociación (los piratas exigían 3 millones de dólares por su liberación) y evitar bajas innecesarias. En esta primera fase, por tanto, el equipo de los Navy se apoyaron en las labores de reconocimiento e inteligencia analizando el punto de vista táctico (qué medidas facilitarían la acción), el punto de vista estratégico (entender cuál era el objetivo real: rescatar a la tripulación) y el punto de vista psicológico (análisis de los posibles problemas, como el que se dio: el grupo de piratas se llevaron al Capitán Phillips fuera del buque Alabama en un bote salvavidas para llevarlo hasta la costa somalí, donde la misión se hubiera vuelto más compleja y diferente).

El que ya existiera en la zona escuadrones aéreos de patrulla (VP-8) permitió que enseguida hubiera una respuesta de seguridad al secuestro. Dichos aviones fueron los encargados de controlar el escenario, ofreciendo información e inteligencia por si de verdad había más barcos de piratas. Por otro lado, también existían fuerzas marinas norteamericanas en la zona (USS Boxer CTF-151, con el mando del comandante Michelle Howard) que se encargaron del acercamiento al rehén; el equipo del barco USS Brainbridge, bajo el mando del Capitán Frank Castellano, hizo el trabajo fundamental de comunicaciones y negociaciones con los piratas, mientras que los USS Halyburton ofrecían la mayor seguridad mientras se llevaba a cabo las operaciones. Además, el mismo bote salvavidas se convirtió en una prisión para los cuatro piratas somalíes que iban a bordo, junto con el cautivo, por lo que esto permitió un mayor control de la situación limitando las respuestas de acción al enemigo.

Como se indican en los artículos de análisis de las fuerzas navales americanas, en cuanto supieron del secuestro se pusieron en marcha todos los esfuerzos disponibles de la región y cuando el Capitán Phillips ya se encontraba secuestrado dentro del bote salvavidas, el USS Brainbridge ya llegó a escena.

090413-M-3079S-081 INDIAN OCEAN (April 13, 2009) The guided-missile destroyer USS Bainbridge (DDG 96) tows the lifeboat from the Maersk Alabama to the amphibious assault ship USS Boxer (LHD 4), in background, to be processed for evidence after the successful rescue of Capt. Robert Phillips. Phillips was held captive by suspected Somali pirates in the lifeboat in the Indian Ocean for five days after a failed hijacking attempt off the Somali coast. Boxer is deployed as part of Boxer Amphibious Readiness Group/13th MEU supporting maritime security operations in the U.S. 5th fleet area of responsibility. Maritime security operations help develop security in the maritime environment and compliment the counterterrorism and security efforts of regional nations. From security arises stability that results in global economic prosperity. These operations seek to disrupt violent extremistsÕ use of the maritime environment to transport personnel and weapons or serve as a venue for attack. (U.S. Marine Corps photo by Lance Cpl. Megan E. Sindelar/Released)

Por supuesto, el conocimiento de las vulnerabilidades del enemigo y de sus intereses (así como ellos mismos también eran conscientes de ellas), posibilitó que el equipo de la operación de rescate pudiera aproximarse a la distancia necesaria para que los francotiradores pudieran acertar con éxito en los enemigos, rescatando de esta forma al retenido; si no se hubiera dado esta posibilidad, sin duda la operación hubiera puesto en peligro la vida del capitán Phillips. El jugar primordialmente con elemento psicológico sobre el enemigo (convenciéndolo a través de la comunicación y la negociación), debilitado y vulnerable al encontrarse en una situación tan descontrolada y tensa, sin combustible, suministros ni apoyo de los aliados, permitió que el equipo de rescate tomara ventaja y se ganara la confianza suficiente que les permitió acercarse al bote salvavidas y establecer contacto con el enemigo.

amd-pirate-diagram-jpgLa necesidad de asegurar la supervivencia y el buen estado del capturado, así como la tranquilidad y la confianza de sus captores, permitió establecer comunicación para asegurar la administración de comida, ropa y agua a los pasajeros del bote salvavidas. De esta forma, salió del mismo jefe del grupo de los piratas el acceder al barco de los Navy para poder negociar la situación y que todos pudieran salir ganando. Esto, como asegura el Comandante Frank X. Castellano del USS Bainbridge facilitó el resto de la operación y la captura del pirata al mando, Abduwali Muse.

No obstante, la situación se volvió tensa cuando hubo un primer intento de escape por parte de Phillips, que abrió la sospecha a sus captores de que, a través de los suministros, el equipo de rescate estaba entablando contacto con el rehén (incluso los piratas abrieron fuego contra la fragata, aunque se decidió no responder por razones de seguridad). La decisión de abrir fuego contra los tres piratas que continuaban a bordo del bote salvavidas junto con el Capitán Phillips, como asegura el Comandante, fue tomada debido al riesgo que corría la vida del secuestrado (objetivo primordial de la misión): “They were pointing the AK-47s at the captain”, indicó William Gortey, jefe del Comando Central Naval de EEUU.

ENSEÑANZAS

El control y la erradicación de la piratería por las costas africanas, en concreto, en Somalia, necesita de una serie de medidas de seguridad y cooperación que han de ser tomadas a nivel internacional, por la industria marítima y las comunidades locales. Sin duda, es fundamental aumentar la guardia patrullera y las medidas de seguridad en los barcos, programas navales internacionales, resultado de la comunicación e información resultante del contacto entre los gobiernos y la seguridad pública que documenten la actividad criminal (la actividad costera, la naturaleza de la amenaza…), la colaboración regional y estatal también ayudaría a coordinar los esfuerzos de seguridad y de comunicación (colaboración entre las agencias navales y las compañías de barcos para que se registren, por ejemplo, los movimientos de los navíos con el fin de controlar mejor los tránsitos) e, importante, el apoyo y asesoramiento a las comunidades locales para prevenir la piratería. 

Por supuesto, se han tomado medidas dentro de la industria que han aumentado la seguridad interna del barco (con instrumentos de protección y de armamento o una ingeniería que permite aumentar la rapidez y la capacidad de giro de los navíos), se ha aumentado la colaboración entre naciones para asegurar las aguas de tránsito y, además, las propias comunidades costeras han reaccionado contra el negocio criminal buscando y expulsando a las bandas, advirtiendo el mal que ejercen sobre sus intereses y su relación con el mundo internacional (además de que han provocado un aumento de la actividad criminal). Las actividades con los gobiernos locales y la población en contacto con la piratería son igualmente primordiales; campañas de reintegración (buscando una salida viable al crimen que alivie sus necesidades fundamentales), entrenamiento laboral y vocacional, así como infraestructuras y medidas de seguridad son algunos ejemplos que podrían ser llevados a cabo.

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Sin duda alguna, este conjunto de medidas y actuaciones llevadas a cabo en contra de la piratería nos ofrecen unas pautas de comportamiento y de exitosos procedimientos que pueden ser adoptados igualmente en otros campos de similares características (secuestros por vía terrestre y vía aérea) que puedan ayudar a desarrollar nuevos resultados más adecuados siguiendo la base de modelos ya comprobados.

MARTA Gª OUTÓN

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