Miembros del Daesh (2): Radicalización

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Según Raymond F. Paloutzian, existe un proceso de radicalización que se conoce como “La Escalera”[2]:

  1. LA BASE: “INJUSTICIA Y DESCONTENTO MATERIAL”—> ¿Qué persona soy? ¿Qué grupos pertenezco? ¿Soy diferente?…
  2. EL PRIMER PISO: “FALTA DE MOVILIDAD SOCIAL”—> El 60% de la población en África, Medio Oriente, Asia… es joven, luego la competición para los trabajos y educación es muy alta. En esta planta las personas buscan mejorar en sus trabajos, carreras… pero se frustran porque no encuentran caminos que les desbloquean esas ausencias (normalmente por la corrupción).
  3. SEGUNDO PISO: “MOVILIZACIÓN POR AGRESIÓN” —> En el mundo islámico esa movilización es impulsada por grupos particulares, que vinculan a los causantes de estos problemas a occidente. Por supuesto, la frustración lleva a la violencia en muchos casos.
  4. TERCER PISO: “DESVIACIÓN DE LA MORALIDAD” —> Estos sentimientos almacenados conducen a la auto-justificación del terrorismo (si no puedes luchar contra ello en algunos casos, está justificado). Sucede un cambio en actitudes. Sin embargo, expresar una actitud no significa que vaya a llevar a la acción. La acción normalmente es llevada a cabo cuando la identidad está amenazada (nivel colectivo). La mayoría de los terroristas yihadistas se sienten amenazados por la globalización y por la liberación del género (amenaza para los tradicionalistas). Ven y reconocen al causante de su frustración.
  5. CUARTO PISO: “NOSOTROS Y ELLOS” —> “Nosotros estamos en lo cierto y ellos equivocados”. Deshumanización del contrario.
  6. QUINTO PISO: “MECANISMOS DE INHIBACIÓN” —> El auto-convencimiento de matar.

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Una vez pasado el primer contacto ideológico con el grupo, se ejerce una educación en los “valores” de la lucha terrorista bastante determinante. Para empezar, es importante la despersonalización del enemigo (en el nazismo, por ejemplo, fue fundamental la demonización de los judíos, su reducción a la no humanidad para poder llevar a cabo los crímenes que se cometieron); en el caso del Estado Islámico, algunas fuentes –antiguos miembros de dicha organización- revelan cómo el grupo se molestó en reeducar a sus miembros mostrándoles una imagen completamente negativa del enemigo (en especial de Estados Unidos, occidente en general o de los apóstatas o musulmanes, a los que dejan de ver como tal las enseñanzas o los preceptos del ISIS: defensores del “verdadero Islam”) como agentes del mal o causantes del desorden social y político; una visión de desconfianza que no permite la apertura al diálogo o al acuerdo y donde sólo sea posible la lucha armada.

También es importante la cohesión social entre los miembros que, aunque provengan de diferentes países, con diferentes culturas o lenguas, puedan encontrar aceptación y comodidad en su nueva familia; por ejemplo, dentro del Estado Islámico no es necesario ser árabe, ya que hay garantías de encontrarse con personas de la misma nacionalidad con las que poder establecer un contacto más cercano, ya que hay combatientes de más de 90 países conformando la Umah (la comunidad): “A mayor identificación con la organización terrorista, mayor identificación con las normas bajo las que se rigen los comportamientos de los miembros”[3]. ¿Qué puede llevar a un extranjero a convertirse en un combatiente en una tierra lejana? Existen varias motivaciones, pero la que más destaca es la capacidad de ver en esa lucha armada un conflicto mayor (un combate transcendental donde juegan parte las fuerzas del mal y del bien; esta visión forma parte de la influencia de las creencias de cada uno, más que de las ideologías políticas); aunque también los hay para buscar emoción, aventura… inspirada en la propaganda mediática del grupo terrorista (inspirada en el formato comunicativo de los juegos de violencia o del cine).

No obstante, a pesar del adoctrinamiento, ¿qué les puede llevar al auto-sacrificio a través de la inmolación? -arma del terror y, según los mismos grupos terroristas empleadores de esa táctica, un arma imparable. Ariel Merari, psicoanalista de la universidad de Tel Aviv, señala que el adoctrinamiento sobre una persona que comete la inmolación no es otra que el refuerzo de su disposición a cometerlo; es decir, tiene que existir una idea previa que los reclutadores captan y utilizan en provecho del grupo, acrecentándola, mayoritariamente a través de motivaciones religiosas que después redirigen hacia un sentido superior (el martirio en favor de la causa)[4]. No obstante, también es cierto que se han encontrado evidencias (tanto después de los últimos atentados en París en Noviembre como por revelaciones de anteriores miembros del Estado Islámico) de que también se consumen drogan que facilitan la anulación del miedo y aumentan la sensación de inmortalidad, que ayudarían a cometer actos semejantes. Un sacrificio, que, curiosamente, no es llevado a cabo por los organizadores o líderes del grupo terrorista… éstos utilizan a carne de cañón.

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El Estado Islámico ha alcanzado el culmen de la producción, distribución y propaganda terrorista con la creación de medios de información en red, vídeo, radio y papel, convirtiéndose así en una perfecta maquinaria de comunicación y combate, donde las fuentes de información se nutren de la comunidad terrorista y de sus acciones y viceversa. El éxito de la propaganda del terror del Estado Islámico, sin duda, ha sido gracias al acceso y a la cubrición emocional y racional de las necesidades de una generación y de una población olvidada, así como al extraordinario manejo de las nuevas tecnologías y de los nuevos sistemas de comunicación, reyes del espacio de las relaciones interpersonales hoy en día. “Son capaces de alcanzar y descubrir qué es importante para esas personas, qué les motiva y, después, crean la habilidad de cubrir esa necesidad, inicialmente a través de las redes sociales, Internet…”[5], expresa el General del Air Force Philip Breedlove, comandante de la OTAN. Por tanto, vemos que el enorme éxito de los grupos terroristas en su llamada y reclutamiento de nuevos guerreros reside, no sólo en la evocación a ideales o sentidos religiosos exaltados, sino también al entendimiento y dominación de las frustraciones de una generación dañada.

El problema ya no reside sólo en la oferta de contenido radical y criminal en los medios de comunicación (radio, televisión, cine, red…), sino que también existe una importante demanda; y es la demanda la que genera productos. Lo interesante sería disminuir la productividad y el efecto de la “guerra psicológica” del terror incidiendo en la disminución y el control del número de ofertas que van apareciendo sin control en un espacio diversificado y en el descubrimiento y la reducción de todas esas múltiples demandas, nacidas por razones necesarias de entender y desmantelar, para reducir la efectividad de este arma informativa. Todas las acciones que se podrían llevar a cabo para desmantelar ese poder psicológico de los terroristas sobre la sociedad deben enfocarse hacia la eliminación de cualquier camino que favoreciese la expansión del mismo, tal y como declaraba Bernard Cazeneuve, ministro galo de Interior, pocos días antes del atentado de París en enero: “El miedo es el objetivo de los terroristas, el arrebato y el nerviosismo sería para ellos la primera victoria”[6]. No obstante, sin duda la clave de la respuesta a los ataques de propaganda y de terror expandidos por los terroristas a través de los medios se encuentra en los mismos países árabes, libres del prejuicio y el rechazo que ya sufren los países occidentales, y en esas regiones donde se cobijan los principales afiliados a los grupos terroristas; el mundo árabe es fundamental para desacreditar los falsos mensajes expandidos por el terrorismo yihadista y su formada de hacerlo ha de ser, igualmente, a través de las nuevas tecnologías y de la información.

Como bien expresaba Arturo Pérez Reverte, antiguo combatiente al frente y veterano combatiente desde la retaguardia, hoy en día nos enfrentamos a nuevos enemigos que emplean un lenguaje diferente de guerra que, aunque asentado en el tradicionalismo bélico, el romanticismo del héroe y los sueños de antaño, emplea instrumentos completamente diferentes que los convierten en impredecibles, con identidades más encubiertas y objetivos más imprecisos y personalizados: “En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros (…) Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias contradicciones socio-teológicas. Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio. Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla”[7].

MARTA Gª OUTÓN

[1] DE LA CORTE, Luis: “Explaining terrorism: A psycological Approach”. Pp Pp. 2

[2] F. PALOUTZIAN, Raymond: “Handbook of the psychology of religion and spirituality”, The Gilford Press, Nueva York.

[3]DE LA CORTE, Luis: “Explaining terrorism: A psycological Approach”. Pp Pp. 4

[4] SPRINZAK, Ehud: “Rational Fanatics”, Foreign Policy, Noviembre, 2014. Pp. 4

[5] Associated Press (01/06/15): “ISIS revamps recruitment, with savvy, professional broadcasts”. RUDAW, Disponible en [http://rudaw.net/english/world/010620153].

[6]GONZÁLEZ FRANCISCO, Luís (04/07/15): “Propaganda yihadista”. CISDE, Disponible en [http://cisde.es/observatorio/15579].

[7] PÉREZ REVERTE, Arturo (01/09/2014): “Es la guerra santa, idiotas”. XLSemanal.

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