La guerra

EL FRENTE EN LA 1 GUERRA MUNDIAL: WAR HORSE Y SIN NOVEDAD EN EL FRENTE

sin-novedad-en-el-frente-1930Hay acontecimientos que generan historias que contar e historias contadas que provocan acontecimientos y la película “Sin novedad en el frente” (All Quiet on the Western Front), de Lewis Milestone, es un ejemplo de ambas cosas. Erich Maria Remarque, antiguo combatiente en el ejército alemán, publica la obra en 1929, en la que se atreve a rescatar sus experiencias personales en el frente durante la I Guerra Mundial y por su transcendencia generó una grave polémica en el territorio nazi, donde incluso quedó el libro prohibido. Su diálogo, percibido en la adaptación cinematográfica de Lewis Milestone, emplea un tono antibelicista, en contra de lo que genera la guerra: la destrucción del alma del ser humano. En el prefacio de su novela, Remarque escribe: “Este libro no es ni una acusación ni una confesión, y mucho menos una aventura; la muerte no es una aventura para aquellos que se encuentran cara a cara con ella. Simplemente trata de hablar sobre una generación de hombres que, aunque pudieron escapar de su cobertura, quedaron destrozados por la guerra”.

Con esta advertencia del autor, comprobamos lo que se nos desenmascara en la película: la transformación de los valores del honor, el deber, la gloria o la disciplina que condujeron al conflicto al resultado de un momento histórico que edificó el pesimismo humanista, el existencialismo alemán o el nihilismo nietzscheano en la civilización europea. La obra va dirigida a la generación arrastrada a la desesperanza y a una falta de estabilidad. Contada a través de un joven soldado alemán de infantería, “Sin novedad en el frente” relata la decapitación de la vida, del espíritu de conciencia y realidad, cuando uno se adentra en el frente, donde sólo conoce el sufrimiento, un sufrimiento experimentado por hombres sin banderas, por seres humanos. Esto destaca el sentido simbólico que obtiene el frente en la película: las líneas de trincheras son ese lugar que remarca la diferencia de los países, de las sociedades y de las personas, pero que en realidad obtiene su coherencia en el encuentro que se produce en tierra de nadie, donde todo eso que separa se une, porque detrás se encuentran los mismos individuos, con sus sueños, debilidades y fortalezas, seres humanos.

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Diferente interpretación sacamos en el cine actual a lo que aconteció en el frente durante la Gran Guerra, sobre todo a través de un director que siempre muestra una mirada particular y más amable de la Historia. La guerra es una de las obsesiones de Steven Spielberg (“Salvar al soldado Ryan”, “La lista de Schindler”), no obstante, el director rescata el lado más realista del desastre para transformarlo en poesía.  El director estadounidense no necesita mostrarnos la guerra a través de las escenas típicas de sufrimiento y carnicería, sino que a veces desea llevarnos más allá, a la mirada más pura y sencilla del horror: al corazón humano herido en su inocencia. Por eso, los protagonistas a los que suele recurrir para destacar esto son niños, jóvenes o, como en este caso, animales.

a9c6f0_cc5a1d600c1f4a99bf5fb80748c72a01La película “War Horse” nos habla de la realidad en el frente durante la I Guerra Mundial y, en este extenso recorrido bélico, un joven animal, Joey, se convierte en el narrador de la historia. El caballo se presenta como el superviviente de la guerra, testigo de la heroicidad y del sacrificio, de la tortura y de la condena, pero también transformador de lo negro en luz. Con él, los diferentes protagonistas de la obra llegan a alcanzar dos extremos: el de la vida, esperanza en un escenario condenado, sin sueños, y el de la muerte, arrastrada por el predominio de una falta de humanidad. Joe comienza sus andaduras con un joven británico que vive en una granja, Albert, pero con el estallido de la guerra se convierte en un caballo de batalla que traspasa el frente y pasa a las manos de dos hermanos alemanes, una niña francesa que vive con su abuelo en tierra sometida, para llegar hasta el lugar del verdadero horror para servir como carnaza arrastrando la maquinaria de la muerte. En el excepcional plano secuencia en el que vemos a Joey correr, cruzando la tierra de nadie, entre el fuego, el alambre y las balas, se desvela el verdadero papel del animal, protagonista de la cinta, asimilándose a esa libertad despechada que guía al pueblo en medio del fragor de la batalla, pintura de Delacroix, avanzando entre los cadáveres derribados por la guerra, pasando sobre un frente y otro, hasta que acaba atrapada entre ellos y se convierte, entonces, en la causante de un momento de paz, de amistad, de esperanza que anuncia el final de un conflicto impulsado por hombres que sueñan con lo mismo: volver a casa.

La película de “War Horse” nos habla de guerra y de víctimas en el frente de la I Guerra Mundial, pero Spielberg rescata de ahí el lado más esperanzador de la humanidad a través de su figura protagonista, la cual nos recuerda que, en medio del mayor desastre, también se puede encontrar la mayor expresión de bondad y caridad, y que en la muerte, aunque sea difícil de creer, uno puede rozar la experiencia de los milagros.

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Ambas películas son un relato diferente de la guerra que uno encuentra en el frente. Una representa el lado más realista y dramático de ésta, deteniéndose en las consecuencias negativas que cosecha: el enterramiento del ideal y de la esperanza; mientras que la otra destierra de esa oscura interpretación el lado más heroico, el que sobrevive en medio de la barbarie, haciendo destacar en ella, sepultada por un genocidio en masa y sin nombre, la misericordia, la humanidad.

EL COMPROMISO DEL CINE POR UN MUNDO MEJOR

america-america1Desde el principio de los tiempos, las personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Esas infinitas mareas humanas presentes en nuestra historia desde que el hombre es hombre se producen debido a las carencias y defectuosas situaciones que se viven en muchos lugares, pero también porque en el ser humano existe la aspiración de conformar una unidad social en la que se respete las diferencias y en la que uno pueda completarse, “ser algo más”.

El cine, al igual que las demás artes, es una forma de relato donde vemos escrito, como si fuera un diario, el misterio del ser humano. De esta manera, el Séptimo Arte también nos enseña cuál es la importancia y el impacto que suponen las migraciones y nos propone diferentes maneras de entender este fenómeno. Hay dos películas que nos aportan algunas claves para descubrir el sentido de las migraciones y cómo sus protagonistas afectan a la forja de la humanidad.

Una de ellas es América, América, realizada en 1963 por un reconocido y muy respetado director de cine: Elia Kazan. Gracias al viaje que emprendió desde Turquía su tío –protagonista de esta historia-, su contribución al cine y la realización de esta película han sido posibles. La película relata el viaje que emprende un joven griego impulsado por la necesidad de alcanzar América, el país en el que, para todo extranjero, cualquier cosa es posible (“para la gente oprimida, América es un sueño”, explica el director). Aquí, el director no nos muestra la experiencia del emigrante en la nueva tierra, sino el viaje que éste emprende y lo que esto provoca sobre el valiente y las generaciones que le siguen. Es una verdadera odisea la que vive Stavros. Como Ulises, durante el viaje es tentado por el dinero, la comodidad… pero nada lo aparta de su camino. El llegar a América se convierte en algo esencial de su existencia y lo comparte con el espectador, porque esa inquietud es inherente en todo ser humano: la búsqueda del viejo interrogante filosófico de otras realidades y la respuesta a la existencia del hombre.

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318Gran Torino, de Clint Eastwood, es otro ejemplo esclarecedor de esta realidad. Los protagonistas de esta historia no son los viajeros recién establecidos, sino el extranjero ya afianzado en el país. Walt Kowalski (Clint Eastwood) es uno de los últimos héroes norteamericanos, veterano combatiente en la Guerra de Korea, un viejo dinosaurio anclado a un pasado y aferrado a un coche que en su día fue un rey como si éste fuera su flotador en la nueva sociedad multicultural. Kowalski resuelve todo utilizando el idioma de las armas y demuestra un claro recelo hacia los que han invadido su barrio –en su mayoría inmigrantes. Sin embargo, esa actitud es la misma que hoy descubrimos en esas respuestas negativas hacia el que es diferente, hacia el que viene de fuera. El odio, los prejuicios… surgen de nuestras propias dificultades, miedos o individualismos, pero esto se soluciona cuando uno se relaciona con los demás, cuando uno se abre al otro, y así nos lo demuestra Clint Eastwood en su película. El Gran Torino aparece tapado o casi tapado y como a Kowalski, tan solo lo vamos viendo a medida que se deja ver por los demás. Al final, Walt Kowalski halla aquello de lo que carece en la familia hmong que reside como vecina y encuentra su redención en el perdón y ofreciendo su vida, dándosela a aquellos que llegan a un nuevo hogar en busca de una; con este gesto, redime a sus anteriores personajes revelando que la violencia no es el camino para solucionar las diferencias.

El cine, a través de algunas películas como las que acabamos de nombrar, nos desvela que la riqueza de la humanidad se logra gracias a la amplia diversidad, porque lo que carece una cultura o una persona lo aporta otra, y en las faltas y aportaciones se conforma una unidad completa, equilibrada y perfecta. Existe una solución al individualismo y al egoísmo, al odio y a los prejuicios hacia el que es diferente. El Séptimo Arte nos lo muestra y el Papa Francisco nos lo recuerda: la apertura al otro.

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«La tolerancia es el primer paso para la auténtica libertad» (Papa Francisco I).

MARTA GARCÍA OUTÓN

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