Ensayos

TRANSFORMACIONES DEL TERRORISMO GLOBAL. II FORO ELCANO:

 

FETG_Elcano_bigEl 17 y 18 de Noviembre se celebró en la Casa Árabe de Madrid una sesión formativa acerca del terrorismo internacional, donde se abordaron las cuestiones fundamentales para comprender dicho fenómeno, su actuación tanto a nivel nacional como internacional y, sobretodo, las características fundamentales de los grupos terroristas yihadistas más predominantes hoy en día: el Estado Islámico (preferiblemente denominado Daesh) y Al-Qaeda fundamentalmente. En el foro participaron diversas personalidades reconocidas en su campo, como Krishna R. Urs (ministro consejero de la Embajada de Estados Unidos en España), Guido Steinberg (Senior de la Asociación de Medio Oriente y África de SWP, en Berlín), Tricia Bacon (del Departamento de Justicia, Derecho y Criminología de American University Washington DC) o José Antonio Vázquez Osuna (inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía).

Abrió la sesión el embajador de Estados Unidos, Krishna R. Urs, quien comenzó nombrando al grupo terrorista del Estado Islámico como el mayor ejemplo de extremismo: “es una amenaza que ha necesitado una respuesta de una coalición y que se aprovecha de sociedades débiles para desarrollar su avance”. Así, resaltó que ante una amenaza semejante la respuesta no puede ser arbitraria o neutral: “Tenemos que hacer frente a las amenazas con firmeza colectiva y con una colaboración amplia”. No, obstante, se permitió añadir que de nada sirve cualquier acción militar si no se potencia la colaboración y los lazos entre las comunidades para detectar a esos jóvenes problemáticos que caen más fácilmente en las redes terroristas y educar en valores. “El mejor antídoto son programas que apoyen la educación, la juventud, las oportunidades (…). Esta amenaza morirá si quedan expuestas sus falsedades”.

Además, se explicó que la amenaza del terrorismo individual (los llamados “lobos solitarios”) era prácticamente irrelevante, puesto que sólo representa el 2% del terrorismo global; no obstante, hay que tener en cuenta que todos ellos buscan involucrarse en actividades de este tipo de índole. Ante el estudio de cómo se organizan dichas células, los expertos han advertido que nos encontramos ante “un yihadismo global amorfo y sin liderazgo en España, que conecta con organizaciones terroristas internacionales”.

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Por otro lado, la Doctora García Calvo analizaba las nuevas facetas de la amenaza del terrorismo islamista en Europa Occidental y presentó las características sociodemográficas de los integrantes. Por un lado, señaló que la media de edad de los terroristas se encontraba entre los 25 y los 34 años, de nacionalidad mayoritaria argelina, marroquí y paquistaní, que poseían estudios secundarios y superiores (lo que les posibilita acceder en las organizaciones terroristas para desempeñar tareas asociadas a su profesión) y que los dirigentes mostraban una mayor preparación y formación, quienes dedican el 100% de su tiempo al terrorismo. Cabe destacar que, en España, sólo 1 de cada 5 individuos acusados de terrorismo ha sido condenado antes del 2010. La Doctora puntualizó además que la mayoría de los terroristas se entrenan en verdaderas escuelas de reclutamiento profesional terrorista en el extranjero (especialmente en Bosnia, Argelia o Yemen), mientras que Ceuta y Melilla (en el caso de España), son los centros de donde provienen la mayoría de los terroristas.

A continuación, vino una sesión interesante presidida por Assaf Moghadam (director de Asuntos Académicos, del Instituto Internacional de Contraterrorismo y del Centro Interdisciplinario de Herzliya) y Manuel R. Torres (de la Universidad Pablo de Olavide, responsable del Área de Ciencia Política y Administración). El primero hizo una profunda distinción entre terrorismo y guerrilla, puntualizando que el terrorismo dirige sus ataques contra los civiles para conseguir algún interés político, mientras que la guerrilla demuestra niveles de combate, pero que su centro de acción son militares o agentes del gobierno. No obstante, durante los últimos años es más difícil hacer esta distinción (Hamás, Daesh…), porque los grupos emplean técnicas de combate de guerrillas y procedimientos terroristas, donde se destaca aún más los ataques a civiles. Manuel R. Torres incidió en la verdadera arma del terrorismo actual: el Internet, donde a través de foros y redes sociales amplían su propaganda, información y facilidad de reclutamiento. ¿Por qué emplean las redes sociales?, el experto nos lo resumió así: porque presentan mayor estabilidad (sortean los bloqueos o controles de seguridad), existen menos barreras de entrada, tienen mayor atractivo visual y usabilidad, los perfiles personales pueden convertirse en perfiles militantes y porque se mueven en un nuevo entorno de comunicación y tecnológico. No obstante, terminó diciendo, también las redes sociales se pueden convertir en una contraofensiva, desde donde poder dialogar y acoger a esos jóvenes que buscan su espacio en el terrorismo: “hay que hacer un esfuerzo importante por dialogar con estos jóvenes y combatir estas premisas”.

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Por último, para destacar lo más importante que expusieron durante el foro, fue comunicado por otras dos personalidades del ámbito internacional: Guido Steinberg y Tricia Bacon, quienes concluyeron atribuyéndole al Estado Islámico el protagonismo de la amenaza terrorista internacional. Así demostraron su opinión: porque se ha hecho con recursos, demostrando que es la organización terrorista con más potencial militar y económico de la historia; el IS demanda completa alianza, no independencia; “quien no está con IS, está contra él”; consigue legitimidad mediante medios brutales, causando el terror; tiene una ideología muy extremista e involucra cualquier grupo o individuo, siempre que se someta a lo que el grupo postula (frente a Al-Qaeda, que es una organización más cerrada y, quizás por eso, más unitaria y segura).

En conclusión, el entorno terrorista global aún se prevé desdibujado y cambiante, lo que supone una potente amenaza para la seguridad y la estabilidad mundial (pues sus objetivos ya no son tan locales –como por ejemplo advertíamos en ETA o IRA-, sino globales, que afectan a gran parte del mundo) y, por tanto, es un reto a superar por todos los estados; es preciso, entonces, que se busque una mayor organización, logística y cooperación entre países para alcanzar una acción común donde se fortalezca el diálogo y la educación, por encima del ámbito bélico militar.

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MARTA Gª OUTÓN

LOS BUENOS SOLDADOS:

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David Finkel, ganador del Premio Pulitzer en 2006 –finalista en otras tres ocasiones- y reconocido por otros premios como el Robert F. Kennedy Journalism Award y Missouri Lifestyle Award, es redactor del Washington Post. Su periodismo de iniciativa le ha conducido a informar desde África, Asia, America Central, Europa y Estados Unidos. Con Los buenos soldados, el autor acompaña al Batallón 2-16 a Bagdad en el año 2007 y presenta el rostro que se oculta tras la máscara que se ha creado entorno a la guerra de aquéllos que la vivieron y sufrieron en primera fila. Existen obras más aplaudidas que ésta que relatan lo que aconteció en una de las guerras más impactantes de nuestro tiempo –la cual marcó un principio y un fin en las relaciones norteamericanas e iraquíes-, como Horse Soldiers, de Doug Stanton, o Fiasco, de Thomas Ricks; sin embargo, Los buenos soldados manifiesta como ninguna otra las repercusiones que conllevó la tragedia para el presente y futuro de todos esos hombres.

El autor se aleja de la política –a la cual sólo presenta enunciada al inicio de cada capítulo para destacar una determinada postura o idea del presidente George Bush- para sumergirnos en el mismo corazón del conflicto, siguiendo a estos soldados –a los que presenta con nombre propio- en los momentos de horror y en las livianas ráfagas de esperanza y humanidad que pudieron hallar en un lugar tan lejano a sus hogares.

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Aunque tenga una forma de narración similar a la ficción que hace la lectura llevadera y amena, el contenido no puede ser más real y que el lector sea consciente de ello, impacta más de lo esperado. El libro está narrado con un discurso novelado, hiperrealista, y se sirve de la entrevista para convertir la historia en un diario personalizado que retrata las experiencias vividas y los sentimientos que éstas provocaron en los soldados. El empleo de un trabajo periodístico expresado mediante un lenguaje literario nos demuestra que David Finkel se ha adelantado a la profesión y ha descubierto una forma diferente de servir al oficio –retratar la verdad y esclarecerla para el lector-. David Finkel relata la experiencia durante ocho meses en la guerra de Irak uniéndose al batallón apodado Los Rangers, formado por soldados de 19 años de media, y lo hace siguiendo el estilo y formato de un diario –protagonizado por el Teniente Coronel Ralph Kauzlairch-, donde las fechas que marcan el ritmo del libro siguen los acontecimientos más emblemáticos de las misiones y situaciones de los soldados y de sus choques y encuentros con la población iraquí, y como resultado nos delega una obra que habla sobre muerte, miseria y decepción.

El autor se aleja de dar cualquier juicio moral y escribe de forma objetiva una realidad, apoyándose de entrevistas y fotografías, dejando que sean las palabras de los hombres a los que acompaña las que demuestren el verdadero significado de aquella situación: “La guerra estaba al borde del fracaso. La estrategia de lograr una paz duradera […], de derrotar al terrorismo […] de extender la democracia por todo Oriente Medio […] de llevarla al menos a Irak […] había fracasado. La mayoría de los norteamericanos […] estaban hartos y querían que los soldados volvieran a casa”. De esta forma, expone el error de un gobierno que respondió a la guerra con guerra, el intento fallido de ayudar a un país que tampoco quería ser ayudado y las consecuencias que conllevó el idealismo norteamericano aferrado a la idea de que la victoria estaba asegurada. Sin duda, éste es un libro de consulta al que debería tener acceso todo presidente a punto de conducir un conflicto más allá de las propias fronteras.

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MARTA GARCÍA OUTÓN

DON JUAN TENORIO:

DON JUAN

José Zorrilla y Moral nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817. En Madrid, su suerte iba a cambiar inesperadamente el 13 de febrero de 1837, cuando Mariano José de Larra se pega un tiro en la cabeza. Ante su cadáver, Zorrilla lee unos emocionados versos que le supondrán la amistad con escritores ya famosos (García Gutiérrez, Hartzenbusch y Espronceda, su “ídolo”), así como su participación en diversas publicaciones. Zorrilla se hizo muy popular casi desde el mismo estreno de su Don Juan Tenorio en 1844 y por su amistad con el emperador Maximiliano, fue nombrado cronista del reino y director del proyectado Teatro Nacional.

La historia comienza cuando Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía se citan en una hostería de Sevilla para comprobar el resultado de la apuesta que hicieron hace justamente un año: quién sería capaz de seducir a más mujeres y de matar más hombres. Sin embargo, Luís Mejía ofende el orgullo de Don Juan y le tienta a una nueva apuesta: la seducción de dos nuevas mujeres: una novicia (doña Inés) y la prometida de don Luís (doña Ana de Pantoja).

Don Juan Tenorio es una de las obras de teatro más representadas. Su estreno fue en Madrid el día 28 de Marzo de 1844, a partir de entonces, coincidiendo con el Día de los Difuntos. El hecho de que el nombre del protagonista de la obra pasara al léxico español –característica de las grandes obras, como El lazarillo o la Celestina– para hacer referencia a cualquier persona galante y mujeriega, demuestra el éxito de Zorrilla. La narración se sitúa en Sevilla en 1545, durante el gobierno de Carlos V (1517-1555), momento de esplendor para el Imperio español. Este momento histórico ha sido recogido como referente para enardecer un momento glorioso, oportunidad de forja de héroes y por tanto, gran inspiración para los escritores de la época. La historia, sin embargo, está dividida en dos partes singulares, que demuestra una quiebra con la norma literaria del momento; y no sólo en eso, sino que también, Zorrilla escogió romper con la estructura en tres actos aumentándola a siete. Por tanto, encontramos cuatro actos en la primera parte y tres en la última; entre ambos hay un lapso de cinco años (ruptura igualmente con el tiempo), necesario para comprender el cambio de escenario (el antiguo palacio de la familia de Don Juan se ha convertido en un cementerio que acoge a todas las víctimas del protagonista) y para remarcar el tiempo necesario para constatar la transformación del personaje.

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Ambas partes acontecen durante la noche. La Primera Parte transcurre durante el Carnaval, luego las escenas se cubren de jolgorio festivo (comida, juego y apuestas, desenfreno sexual de Don Juan, las identidades ocultas tras las máscaras, la presencia de un ambiente endiablado…); mientras que la Segunda Parte, en la Noche de San Juan, ya en vísperas del Día de los Santos, donde encontramos los elementos necesarios teatrales para preparar el momento de la redención del personaje: el evidente ambiente de la festividad de San Juan, envuelta en tinieblas y misterio y, por otro lado, el efecto purificador de Don Juan en el solsticio de verano, noche concreta como último plazo para la elección purificadora del protagonista, donde aparecen las ánimas que abren la boca del cielo y los infiernos. ¿Por qué esta noche y no otra? ¿Por qué no acontece de día? Porque es necesario para la calidad purificativa en el plazo anunciado por Doña Inés y la situación no se vería igual de dramática si aconteciese en otra noche, dada que la noche de San Juan contiene ese fondo místico y además es la noche más corta de todo el año. La culminación de la obra es perfecta, puesto que ocurre en la madrugada de San Juan, con la conversión del protagonista. Por otro lado, la parte primera acontece con un ritmo más desenfrenado, donde se engloban multitud de acciones, típicas del teatro clásico; mientras que la segunda sucede con mucha mayor lentitud, donde podemos seguir el ritmo de la noche con el sonido de las campanadas, el canto de los salmos… y donde la acción sólo se sitúa en dos escenarios: el comedor de Don Juan y el panteón; por tanto, aquí se invita a una mayor reflexión, propia de los autos sacramentales.

Así, Zorrilla nos presenta la obra en una estructura dual, un continuo paralelismo: dos partes, dos mujeres (Doña Inés y Doña Ana), dos burladores (Don Juan y Don Luís), dos padres ofendidos (Don Gonzalo y Don Diego), dos rivales que piden venganza (Don Gonzalo y Don Luís), dos amigos (Centellas y Avellaneda), dos criadas alcahuetas (Doña Brígida y Doña Lucía), dos sombras que se disputan el alma de Don Juan (Doña Inés y Don Gonzalo), dos caras del mismo hombre (Don Juan pecador y Don Juan converso), una condena y una salvación.

Tal y como expone un historiador del cine, Ángel Luis Huesco, el cine “es una de las líneas de investigación más fructíferas y con futuro del momento actual”. Sin embargo, se han visto discordias a la hora de interpretar el cine como adaptación de la literatura; aunque la presentación visual de la literatura ha aportado muchas variantes. Sin embargo, como justifica el especialista en estudios fílmicos, Luis Miguel Fernández, la literatura es un proceso de creación que necesita de la recepción de un público y, por tanto, de las diferentes estrategias para presentarlo, como por ejemplo, por medio del cine, porque “el estudio de la recreación fílmica puede servirnos para conocer otro tipo de transposiciones que afectan directamente a la literatura”: cómo es recibido e interpretado por el público; y porque además, es clara la dificultad de análisis literario frente al visual en la sociedad de hoy en día.

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La serie televisiva de Gustavo Pérez Puig de Don Juan Tenorio fue estrenada en 1966 y cuenta con la participación de un extraordinario Francisco Rabal en el papel de Don Juan. El film, aunque largo, se ha centrado en representar las escenas y monólogos más emblemáticos de la obra original y alejándose de una grabación de imitación teatral, como sucede normalmente a la hora de producir una película inspirada en una representación de teatro, ésta ha preferido adaptar la obra a un lenguaje fílmico; la música, en cambio, sólo forma parte de la escena como acompañamiento sin involucraciones emocionales. Tanto en la novela como en la serie, Don Juan se nos presenta como un hombre que logra todo: mujeres, juego, victorias… y que además, no tiene rival; frente a Mejía, que en iguales condiciones y en busca de los mismos objetivos, pierde todo cuanto trata de ganar, salvo en los duelos (equidad con Don Juan): igual arrojo, rebeldía, hazañas heroicas. Su carácter sigue las características del héroe romántico: carente de moral y reglas. No obstante, esta obra se presenta como la redención del héroe romántico y con el amor puro, Don Juan consigue su redención. Dios, a través de Doña Inés, alcanza el corazón de Don Juan; sin embargo, no es hasta la noche de San Juan cuando el protagonista, entre la puerta del inferno y la del cielo, al fin es rescatado por su amada.

La posible variación a la hora de adaptar una obra literaria al cine es que se diferencien los signos utilizados, ya que el cine emplea unos códigos diferentes de expresión y varía la situación del espectador, así como la recepción; además de que la literatura emplea un lenguaje difícil de interpretar en un lenguaje fílmico. El cine sólo se sirve de la obra original escrita como material de apoyo, porque es a partir de ella cuando crea, al ser el cine una entidad diferente a la literaria.

MARTA GARCÍA OUTÓN

Another brick in the wall- El posmodernismo de Pink Floyd:

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The Wall es uno de los álbumes de rock más intrigantes y que más ha calado en el público; fue promovido a partir de 1979, ganó fama gracias a un tour que se realizó entre 1980 y 1981 y en 1982 se creó la película The Wall.  El álbum de Pink Floyd logró un increíble éxito, una apabullante recepción en los escenarios y un impacto visual en la pantalla cinematográfica en la época de los 80 e incluso, aún sigue vigente en la actualidad.

Durante esa etapa histórica, los grupos de música de rock, pop, punk e indie competían con Pink Floyd por lograr alcanzar el puesto número uno en la lista de recopilación musical del momento. Los temas de las canciones y los discos del grupo recopilaban todo ese movimiento en vacío que dominaba a la sociedad del momento -nihilismo, el malestar, la angustia, la locura, el pánico…-, hasta que se convirtieron en un importante referente social y musical.

4 TAquello que diferencia el álbum The Wall del resto de discos de Pink Floyd es el propio creador e ideólogo del grupo, Barret. La historia que nos narra en el disco se sitúa en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y el protagonista es un chico, Pink, quien vive en un escenario de desolación y cambio, heredado del conflicto bélico. El niño perdió a su padre y vive con su madre, una mujer que es sobreprotectora y exigente. Desde pequeño, Pink crea un muro mental entorno a sí mismo que lo aísla de los problemas emocionales del mundo; por lo que, cada preocupación (su dominante madre, la pérdida de su padre, el estricto sistema educacional, las drogas, un sistema de gobierno que trata a los ciudadanos como piezas de un engranaje…; todo reflejo de la sociedad de los años 80, donde el individuo deambulaba buscando su identidad ante el nuevo cambio mundial), en vez de afectarlo a él, se convierte inmediatamente en un ladrillo de ese enorme muro tras el que se oculta. Fruto de su aislamiento, Pink se irá hundiendo en el nihilismo, en un fuerte existencialismo donde la libertad se convierte en lo fundamental para la vida del individuo.

the wall 3Así, descubrimos que el álbum de Pink Floyd es, en realidad, un reflejo de la imaginación de su autor, de su propia vida y la de multitud de ciudadanos que vivieron durante esos años; es decir, es la representación del antihéroe contemporáneo, un hombre existencialista que se busca a sí mismo y el significado de la época en la que vive tras la guerra. Ese niño, Pink, ha crecido sin la esperanza de una transcendencia, carente del apoyo paternal, pues murió combatiendo en la guerra, obsesionado por el rostro desfigurado de los gobiernos totalitaristas, engañado por la nueva sociedad materialista y cínica… Aquí se nos presenta la pregunta que se plantea en el disco y que incluso, se sigue escuchando hoy en día como un eco en nuestra sociedad: ¿Qué podemos hacer ahora? ¿Qué podemos hacer cuando ya todo está saturado, cuando nos supera la sensación de angustia…? Sin duda, Pink construye un muro y aprovecha todas esas cuestiones para convertirlas en ladrillos de su propia prisión.

En la obra de Pink Floyd, como también vemos en la película, descubrimos la confusión de la sociedad posmoderna, la convivencia entre lo real y lo irreal, la duda ante la existencia y el transcurso de la historia… Por tanto, podemos entender la composición musical y fílmica como una metáfora donde se nos revela los aspectos fundamentales que integran y atacan a la sociedad posmoderna.

La imagen que se nos presenta en el video oficial de la canción es una crítica al sistema socialista, donde el individuo no es más que un componente de una sociedad, que es el pilar fundamental para el funcionamiento del orden, que suprime toda identidad o individualidad, por eso los niños llevan máscaras y, arrastrados por esa máquina, se convierten en producto. Además, presenta el sistema educacional del momento abusivo y destructor del alma humana, al generar una educación sistematizada donde todos debían aprender lo mismo y de la misma manera.

El álbum es una autobiografía de Barret, quien, como vemos repetir en la canción, decide que no necesita nada, escudo que emplea al haber crecido con tan poco. El disco reúne tres partes, luego hay que escucharlas todas para poder comprender el mensaje, así como también hay que ver la película, ya que se nos presentan todas esas yagas que afectaron al artista y a una época de la que ahora somos los herederos. Al final de la película descubrimos una referencia a la caída del muro de Berlín y en este contexto, se interpreta como símbolo de que al fin, la humanidad continúa.

J.R.TOLKIEN: pensamiento y simbología en el cine y la literatura

05 jun

BIOGRAFÍA:

El apellido Tolkien es de procedencia sajona (tollkühn: “temerario”). Nació en Sudáfrica, donde pasó parte de su infancia hasta que, a la edad de tres años, se acentuó la enfermedad de su padre, director del Banco de África. Entonces, él, su madre y su hermano se trasladaron a Inglaterra, un país que aún continuaba creciendo, donde bullían constantes innovaciones, tecnologías, nuevos cambios sociales y sobretodo, económicos. Pronto sucedió la muerte de su padre y con una bajada de ingresos, su madre se ocupó de su educación.

John Ronald enseguida demostró un gran interés por la botánica y los idiomas (su madre le introdujo las bases del latín). Más tarde se inscribió en St.Philip’s School y en el Exeter College de Oxford.

En 1900 su madre se convirtió al catolicismo, hecho que repercutió muchísimo en la espiritualidad posterior de Tolkien y por ello, la confección baptista, que les había estado prestando el dinero para el sustento familiar, se lo retiró. Cuando él cumplió los doce años, su madre Mabel murió por una enfermedad y durante toda su vida, John Ronald estuvo convencido que falleció como mártir de su fe. A partir de entonces, siguió el cuidado y educación del padre Francis Xavier Morgan, cura católico andaluz.

A los veinte años, formó una sociedad secreta junto (“Club de Té y Sociedad Barroviana”) con tres amigos, que se reunían en Barrow’s Stores compartiendo su inspiración literaria. Tras su graduación y matrimonio, en 1916 Tolkien ingresó en el ejército británico para combatir en la Primera Guerra Mundial y fue enviado a Francia como teniente segundo, especializado en lenguaje de signos. Al enfermar en las trincheras, fue trasladado de nuevo a Inglaterra.

Mientras se recuperaba, Tolkien elaboró sus escritos (“El libro de cuentos perdidos”) y tras la guerra se puso a trabajar como lexicógrafo en la redacción de Oxford English Dictionary, donde trabajó el origen de la etimología de las palabras germánicas. Esto le condujo a dar clases en la Universidad de Leeds de Lengua inglesa y en 1925, marchó a la Universidad de Oxford para dar clases de anglosajón. Durante esos años fue cuando elaboró “El Hobbit” y los volúmenes de “El Señor de los Anillos”. Fue su amigo C.S. Lewis, profesor y escritor, compañero en el círculo literario Inklings (club donde intercambiaban poemas y escritos), quien le animó a que publicara la obra de “El Hobbit”. Su relación con Lewis era algo discrepante; aunque compartían un talento parecido con la literatura, así como la simbología religiosa y mitológica, Lewis era agnóstico y luego se hizo protestante.

A partir de sus primeras publicaciones, Tolkien comenzó a recibir solicitudes de visitas a diferentes países, especialmente Estados Unidos, para que hablara de sus obras. En 1961, por propuesta de Lewis, fue propuesto para el Premio Novel de Literatura, pero finalmente no se lo dieron, considerando su escritura como algo pobre. Sin embargo, recibió el título de doctor honoris causa por varias universidades y en 1969 fue nombrado por la reina Isabel II como Comendador de la Orden del Imperio Británico.

Tolkien murió en 1971, con 81 años y fue enterrado en Oxford junto con su mujer, en cuya tumba se ve escrito los nombres de “Beren” y “Lúthien”, dos personajes (una elfa y un mortal) de su obra “El Silmarillion”.

FUENTES MITOLÓGICAS Y LITERARIAS:

Las fuentes de la creación literaria de Tolkien se recrean entorno a diversas variantes.

Por un lado, y la más evidente, es su base medievalista (fue, recordemos, profesor en Oxford de la materia medieval, además de que, ya desde pequeño mostraba un gran interés por las historias y leyendas relativas a esta época). Como podemos ver en sus obras, existen detalles que hacen referencia a este periodo histórico, por ejemplo, el ambiente caballeresco, la corte real, el esquema social (rey, nobles y vasallos), las indumentarias, las tradiciones… camuflado con un lenguaje mitológico y legendario que nos recuerda a los antiguos poemas épicos de “El Rey Arturo” o “Beowulf” (los personajes se desenvuelven en un mundo donde habitan criaturas y seres de características especiales).

Las notas fantásticas las encontramos en la generación de fenómenos naturales incorporados con la herencia Animista, como por ejemplo, el hecho que los objetos puedan tener vida propia (los anillos, el palantir…); o la introducción de palabras mágicas que favorecen en la posesión del sujeto u objeto (la escritura en el anillo, la puerta de acceso a Moria…) o incluso en la aparición de brujas y magos con la capacidad de predecir el futuro o con poder sobre los elementos (tierra, agua, fuego…)… Todo ello esconde una fuerte simbología traída desde la mitología.

Hemos de puntualizar que esta pasión por lo medieval recae especialmente en la tradición anglosajona y escandinava, más que en la británica o artúrica; es decir, contiene una fuerte inspiración de la literatura nórdica. Algunos ejemplos:

  • La raza HOBBIT: La inspiración de Tolkien para crear a los hobbits, pequeños seres, anchos, graciosos, de especial gusto por el tiempo de ocio y la festividad, retirados a un ambiente familiar y campestre, nos recuerdan a los traviesos elfos de largas orejas puntiagudas y de trajes rústicos del mundo teutónico, y más tarde irlandés.
  • Los ELFOS hacen referencia a divinidades, inspirados en seres de la mitología germánica, pero recogiendo la tradición antigua que habitan junto con los habitantes del Valhala (cielo de los vikingos). Los elfos son como ángeles-semidioses, seres luminosos (la palabra “elfo” significa: “luz blanca”). Tolkien los llamó elfos (“elfs”) específicamente para diferenciarlos de los elfos típicos de la mitología céltica (“elves”).
  • El pueblo de ROHAN: Recordemos a estos valientes guerreros, especializados en la caballería, orientados bajo un firme código de lealtad y honor, fieles a un rey también guerrero, aislados y poco comunicados con el resto de pueblos, dueños de las praderas. Su cultura, organización social, su lengua… nos facilita su vinculación con esos personajes escandinavos de la mitología; sin embargo, sus características tienen una relación más cercana a nuestra propia realidad histórica y enseguida nos viene a la cabeza la época de transición del mundo antiguo a la era cristiana, con esos jinetes bárbaros asentados en el norte del territorio romano, provenientes de las estepas del este. Son los pueblos visigodos, el de los hunos bajo el mandato de Atila, o el de los ostrogodos. Ya vemos las escenas en el gran hall de Rohan, el rey junto a su consejero, o las celebraciones y banquetes en largas mesas ante el trono del rey o la honra funeraria a los valientes guerreros, así como a su señor… son imágenes de la tradición bárbara durante esos primeros siglos de la Edad Media. Parecidos demostrables de ciertas escenas de corte, así como sus personajes (Eowyn, Theoden o el consejero del rey, Grima) con la leyenda de “Beowulf”.
  • El ANILLO ÚNICO viene de “La Heda Antigua” y la mitología alemana y anglosajona “Cantar de los Nibelungos”, con la referencia a los anillos mágicos que otorgan poder. Ej: el rey de los enanos, Alberico, es arrebatado por el dios del Mal (Loki); Alberico maldice a todo portador que lleve su anillo. Por otro lado, el anillo de Odín también otorga poder y además, como el de Sauron, genera más anillos que dependen de él.

 Por otro lado, la creación de un nuevo lenguaje y gramática era por una cuestión de estética. Para la lengua de los elfos (quenya), por ejemplo, Tolkien se inspiró en el latín y el griego; con la lengua anglosajona antigua creó el idioma de los Hombres del Este y la finesa ayudó en la elaboración de otras expresiones élficas. Por ejemplo, la tierra de Mordor, curiosamente, proviene de una palabra anglosajona (“morthor”), que significa “muerte, crimen, tormento”; o el nombre de Théoden, el rey de la Marca, debe su nombre al sustantivo anglosajón “théoden”, cuyo significado es “Señor, príncipe” y los nombres de Gandalf y Frodo fueron recogidos de dos reyes noruegos de la literatura escandinava.

Sin embargo, como podemos ver en todas sus obras, Tolkien nos propone una nueva mirada hacia el mundo medieval, personificando el ideal del héroe caballero en unos personajes que no habrían sido fuente de muchas inspiraciones legendarias: en unos pequeños seres de aspecto rudo y de cultura ociosa, los hobbits; en un hombre que huye de su destino, Aragorn; de guerreros que triunfan y se sacrifican por los demás aún siendo despreciados en sus hazañas, como Faramir y Eomer…

Influenciado por la transformación de la leyenda original artúrica y otras obras más antiguas en relatos morales y didácticos, Tolkien nos presenta con esta nueva cara de una novela de caballerías de corte medievalista los reconocidos valores herederos del Cristianismo (Dignidad, Espiritualidad, Nobleza, Caridad…), valores que difícilmente veríamos en una historia realmente basada en una situación de la Edad Media, donde quien realmente valía era el que sabía conseguirse lo mejor, sin importar los medios.

Como ya se expuso en la biografía, Tolkien fue un devoto católico y la influencia de su religión en la creación de sus obras es evidente; algo que reconoció diciendo en una de sus cartas: “El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica“. En sus obras, expresa la idea de la creación (como podemos leer en el Silmarillion; que por cierto, hace una clara alusión a la separación del Demonio de Dios), así como las verdades del Misterio y del hombre.

Fijándonos en la trilogía del Señor de los Anillos, inicialmente reconocemos esta influencia en la clara presencia de una lucha entre el BIEN y el MAL: la oposición entre la luz y la oscuridad, el blanco y el negro… esta simbología la encontramos permanentemente a lo largo de los tres libros, representando, por ejemplo, a los nueve jinetes nazgul con capas negras (de un aspecto similar a la muerte); o la magia de Gandalf blanca frente al poder del fuego de la criatura de Moria…

La obra gira entorno a un anillo que fue creado en secreto con la intención de albergar un poder capaz de someter al resto de anillos, así como a todo aquel portador que no fuese su creador. Dicho anillo, generado por el mismo Mal del fuego, alberga una fuerza que, en sí misma, atrae al alma de toda criatura su más completa corrupción. En una descripción mitológica, el anillo de poder que ha de llevar Frodo hasta el Monte del Destino, como ya expusimos antes, pudo ser recogido de los antiguos cuentos germánicos (“El tesoro de los Nibelungos”) o de la mitología nórdica (el anillo de Odín); sin embargo, en una interpretación simbólica y siguiendo los pasos católicos del autor, la esencia del anillo nos presenta al propio pecado (un poder que corrompe, no sólo físicamente, sino también interiormente, al alma). El Anillo es símbolo de orgullo y poder. Representa todo lo que nos arrastra al reino de tinieblas del Señor Oscuro [el Diablo], tentándonos a ser como él en su rechazo a los planes de Dios sobre nuestra vida. La invisibilidad que envuelve al portador, corta con las relaciones normales con quienes nos rodean, nos aísla de los demás, creando una imagen falsa del propio “Yo”, despreciando cualquier otro “Tú”.

Sauron, por tanto, se presenta como el Mal, el ángel caído por su soberbia, ambición y envidia. Y con la creación del anillo, pretende actuar en la sombra de su debilidad, manejando las almas buenas de aquellos que están destinados a hacer un gran bien transformando su luz en oscuridad. Su tentación es como la del Diablo: obtener el poder y la capacidad de elegir el Bien y el Mal y convertirse en dioses. El ejército de Sauron está compuesto por criaturas que finalmente han sido arrastradas hacia la sombra, hombres ambiciosos, criaturas salidas del mismo infierno y los orcos, una representación del vandalismo, con un lenguaje brusco y sucio, de aquellos quienes no respetan nada y destruyen todo a expensas de sus intereses. A diferencia de ellos, los elfos son criaturas de la luz (la palabra “elfo” significa literalmente “luz”), imágenes celestiales, inmortales como los ángeles, que envidian al hombre por su mortalidad mientras que el hombre los envidia por su inmortalidad y que parecen habitar en una realidad completamente ajena al mundo.

Gandalf, aunque muchos lo confunden por su aspecto y papel en la historia con la figura de Merlín, es de inspiración más cercana a la mitología nórdica; y de nuevo me refiero a Odín, pero no a Odín como el Dios guerrero, sino cuando se camufla bajo la personalidad de un viajero, un peregrino gris, que recorre caminos, inventa runas, da consejos y que con su sabiduría ayuda a los hombres. Así, el mago se presenta como una guía de todos los personajes, que los mantiene en la esperanza, en el bien y que además, con su intervención a veces crea milagros. Gandalf es un “maiar” (semidioses encarnados en hombres para ayudar a los humanos). Representa igualmente a Cristo: su luz blanca, como un fuego que expulsa a las tinieblas (Espíritu Santo), resurrección de la muerte, aparece por el Este, libera del mal a las almas…

El camino de la Comunidad hacia su misión: destruir el Mal, el anillo, comienza en la Comarca, símbolo del hogar paternal, donde uno debe decidir hacia donde quiere dirigir sus pasos. Todo hombre, en algún momento de su vida, está llamado a dejar su hogar, para defender y construir su vida, y así, poco a poco, convertirse en un héroe de la humanidad: nuestra respuesta a nuestra existencia. Nuestros cuatro hobbits salen de La Comarca guiados por Gandalf, empujados por el destino que pesa sobre ellos. En su camino, han de encontrarse con Aragorn. Este personaje se presenta inicialmente como alguien misterioso: un trancos, alguien solitario, herrante. Sin embargo, oculta una identidad real y simbólicamente espiritual. Puede ser que haya surgido de una fusión entre el personaje de Arturo y el de Sigfrido; éste último también porta una espada forjada de nuevo con la que mata al dragón. Está configurado como el rey que fue y vuelve a ser (Avalon: Arturo), quien debe restaurar el orden perdido (“El retorno del rey”). Paralelismo con Cristo: Cristo Rey: “porque has asumido el gran poder, y comenzaste a reinar” (Ap 11, 17)— evoca la figura de Carlomagno, restaurador del Imperio, y al ser comparado con un árbol o retoño, prefigura un predecesor de Cristo, como lo es el Rey David.

En el viaje, acabarán uniéndose más personajes hasta formar una compañía de nueve que acoge a todas las razas de la Tierra Media (un elfo, un enano, dos hombres, cuatro hobbits y un mago), que representa el camino tomado por toda la humanidad, que aunque diferentes, todos nos unimos en un mismo fin: el Bien. Como cada uno de nosotros, los miembros se enfrentan a sus propias debilidades (soberbia, envidia, insensated, individualismo, cobardía…), pero a lo largo de la aventura, todos ellos irán liberándose de cada una de ellas. En su paso por Lumédrinael, Galadriel (reina de los elfos, luz de la mañana, imagen de la Virgen, intercesora del Bien), les entrega a cada uno un regalo que les apoyará en su viaje (un regalo predeterminado según la función de cada uno): las lembas (símbolo del pan eucarístico, que con una pequeña porción se obtiene la fuerza necesaria para avanzar), capas de invisivilidad (para ocultarse del mal), pero cabe destacar la luz de Ealendil que le entrega al portador del anillo. Ealendil está basado en un personaje de Tolkien que protagonizaba una historia llamada “Christ”; él era un marino, que como una estrella, guía a los hombres. Y así ejerce la Luz de Ealendil en el camino de la Comunidad: “alumbra en los lugares más ocuros, hasta cuando parezca que ni siquiera quede esperanza”; es la llama del Espíritu Santo, que guía a cada uno de nosotros cuando divagamos en la oscuridad.

La victoria acontece en Minas Tirith, estandarte de los señores de Gondor, último bastión donde se enfrentan todos los ejércitos contra el Mal. Es allí donde Aragorn finalmente es coronado rey y donde se establece de nuevo el orden mundial. El símbolo de la Ciudad Blanca es un árbol: La Biblia comienza con un jardín en el que se encuentra el árbol de la vida, y concluye con ese mismo árbol en la ciudad santa de la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial. El emblema del estandarte de Gondor es, significativamente, un árbol rodeado de siete estrellas: figura de las siete estrellas que son los siete ángeles de las siete iglesias del libro del Apocalipsis. La ciudad de Minas Tirith simboliza la Iglesia militante que lucha en este mundo, y que presagia la hermosura de la Nueva Jerusalén celeste (Ciudad Blanca), como leemos en el Apocalipsis (22, 12-14).

Sin embargo, el pilar sobre el que se levanta la historia, además de la evidente lucha entre el Bien y el Mal, destaca sobre el personaje de Frodo. Él es quien debe arrastrar sobre sí el enorme peso del pecado, de la tentación, caminar solo, con la única compañía insistente de Sam, su mejor amigo. Es en Frodo donde caen todas las esperanzas de la Comunidad y de la Tierra Media entera. Frodo es Cristo, arrastrando sobre sí el pecado del mundo, soportando la tentación por el bien de todos, y caminando hacia el Monte del Destino (Monte de la Calavera), llevando sobre sí la carga pesada del anillo (la cruz del Cristo). Sin embargo, la tarea no la realiza solo, porque él por sus únicas fuerzas no puede, y como un San Cristóbal, Sam ayuda a su “señor Frodo” a cumplir su tarea, llevándolo incluso a cuestas en su ascenso por el monte. Sam, el amigo fiel, es el símbolo del ángel de la guarda, que jamás nos abandona, pase lo que pase, que nos defiende en nuestras dificultades y nos ayuda en nuestras derrotas, pero que jamás nos quita nuestra tarea, que es liberarnos de nuestro propio mal. Así, en la figura de Frodo no sólo vemos la persona de Cristo, sino también a nosotros mismos, llevando y cargando el pecado, y sólo nosotros (aunque con ayuda de los demás), somos los que debemos destruirlo, a pesar de estar continuamente tentados espiritualmente. Gollum, el hombre corrompido, el mal acechante que acompaña a nuestros héroes, es quien, en su último gesto, devuelve a Frodo su deuda, quien una vez había sido perdonado, ahora se encarga de arrancar al portador su carga. Gandalf, ya en nuestro primer encuentro con él, nos había presagiado que tendría un papel que jugar aún en todo esto…

Aunque El Señor de los Anillos termina con el eco de los ángeles (Ainur) evocando el exilio del hombre de la plenitud del amor, de la verdad y de la vida, más allá de la muerte, Tolkien añade un apéndice (Apéndice A, Un fragmento de la historia de Aragorn y Arwen…) que concluye con la impresión de que el regreso a nuestro verdadero hogar aguarda a aquellos que aceptan, aunque sea un “don amargo”, como Aragorn y Arwen, el “don de la muerte”. Hablo de los Puertos Grises. Nuestra aventura termina en los puertos que llevan a los elfos (y a aquellos que espiritualmente lo necesitan), a la otra orilla. La muerte, como divino “castigo” por el pecado, es también un divino “don” si se acepta, pues su objetivo es la bendición final, que produce un mayor bien no alcanzable de otro modo. Gandalf ya le había explicado a Pippin la sensación de permanecer en aquel lugar: una brillante luz, y después, una pradera, donde ya no hay sufrimiento ni dolor. Es, para todos los viajeros que toman esas barcazas de cisnes blancos, el viaje hacia la eternidad, donde, todos los demás se encontrarán una vez hayan terminado su camino.

“El Salvador de la Tierra Media es Aquel que actúa a través del amor y la libertad de sus criaturas, que perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a lo que nos ofenden, utilizando incluso nuestros errores y los designios del Enemigo para causarnos bien. El final de El Señor de los Anillos es un triunfo de la Providencia sobre el Destino, pero también el triunfo de la Misericordia, en la cual el libre albedrío, auxiliado por la gracia, es plenamente vindicado“.

Espero que os haya gustado esta entrada. La información acerca de la interpretación simbólica de la obra de Tolkien ha sido recogida por las palabras expuestas por el catedrático Alejandro Rodríguez de la Peña, especialista medievalista.

ENTREGA LIBERADORA, testimonio de una judía

Edith Stein, nacida en 1891 en la ciudad alemana de Breslau, de familia judía y educada bajo un riguroso código ético y filosófico, empeñó toda su vida en descubrir la Verdad, siguiendo la fenomenología de Husserl (abandono del idealismo kantiano para acercarse al más puro realismo y por tanto, a un razonamiento más lógico).

Ella explica, que en esa búsqueda insaciable de la Verdad, no dejaba de ver vacíos existenciales en las personas que, atadas a la superficialidad de la vida y a otras esperanzas terrenas que no tenían una transcendencia superior, decidían dejar de existir, faltos de una entrega de sí mismos a un amor más sincero.

Entonces, sólo cuando estalló la guerra en 1914, Edith Stein se encaró con la muerte trabajando como enfermera voluntaria en el frente. Cuenta, que al ver morir a uno de sus primeros clientes, deparó en una carta que había dejado la esposa del soldado a éste: una oración para pedir que se le conservase la vida. “Esto me partió el alma. Comprendí, justo en ese momento, lo que humanamente significaba aquella muerte”, nos cuenta la judía. Edith se dio cuenta que cada uno se debe entregar por amor gratuítamente , al igual que hizo Cristo en la cruz, a Dios Padre.

Fue, a través de la Fe cómo Edith Stein se dirigió correctamente hacia la Verdad y aunque ella poseía esa creencia, no lo logró hasta que no dejó de conformarse sólo con una dimensión intelectual. Así, pudo entrar completamente en relación con Dios y su Revelación. Gracias a su conversión (fue bautizada el día 1 de enero de 1922), vio la Luz que la dio la libertad plena a su persona.

En abril de 1935, se convirtió en Sor Benedicta de la Cruz en la orden de los Carmelitas Descalzos.

En 1940, Holanda sería ocupada por los nazis y en 1942, al final de la guerra, se decidió el exterminio de los judíos y católicos de origen hebreo. Edith Stein murió en las cámaras de gas de Auschwitz el 9 de agosto de 1942.

Memorias de una joven atea

Y después, desaparecer…

Tatiana Goritcheva ha vivido en el más profundo vacío y abandono del ateo nihilista y autodestructivo. Es una chica que nació en Leningrado en 1947 bajo el dominio comunista de Lenin y fue educada bajo los preceptos de su sociedad, por lo que sus valores religiosos y morales comenzaron estando orientados hacia un distinto fin del que Dios propone para que el hombre sea libre; que es aceptar a Cristo en la vida, abrir el corazón a la Gracia y buscar la felicidad y la libertad a través de la Bondad, la Verdad y la Belleza.

De ningún sitio a ninguna parte. Tatiana veía que en el mundo occidental las personas podían elegir lo que querían ser, pensar o elegir, mientras que ella se veía atada a un futuro vacío y sin sentido. No conoció a Dios, el fin último del hombre, y por tanto, no descubrió hasta más tarde que lejos de lo que propone la realidad, la libertad de uno está ahí, en uno mismo en su relación con Dios.

Yo lo odiaba todo. El origen del Mal: el odio. Desde el principio, hemos vivido tentados por el Mal, tenemos una tendencia hacia el Mal; pero al igual que nuestra conducta puede dirigirse hacia allí, también existe la posibilidad de orientarse y corregirse en el Amor. Ella dice que buscó su sentido, la respuesta correcta, por sus medios (“siguiendo la línea de Nietzsche, yo me tenía por una aristócrata espiritual; es decir, por una persona capaz de dirigir y configurar mi propia vida gracias a la decisión de mi libre voluntad”). Pero, finalmente, ella misma se dio cuenta que el amor es lo que está por encima de todo.

Cristo, con su ejemplo, se entregó por nosotros, sufrió en la cruz para salvarnos y en vez de responder con odio y rencor, murió expresando amor. Es el mayor ejemplo de sacrificio por los demás para demostrar que, lejos de una vida material y superficial que no arrastra más que a la más pura desesperación buscando una felicidad inmediata, la respuesta está en la entrega y amor por el otro.

Tatiana es consciente de que el hombre es libre, con independencia de la sociedad y situación en la que viva, y que en su libertad, Dios le otorga la responsabilidad de elegir hacia dónde quiere orientar su vida y su espíritu. “Porque a Dios le agrada el amor voluntario del hombre, y por respeto a la libre decisión del nuestra voluntad, Dios no aniquila el mal en el mundo”. Aunque, nuestra vida no puede ser dirigida únicamente por nosotros mismos, debido a nuestras débiles fuerzas, jamás lograremos dar con el camino correcto. Es en Dios, donde uno, como Tatiana logró descubrir a los veintiséis años, haya la respuesta de la felicidad que buscaba y donde al fin da con la libertad plena.

Tatiana revela que a lo largo de su vida se entregó a muchos momentos destructivos, falsos y sin salida, tratando de hallar en ellos el potencial que Dios le había entregado, su papel en el mundo y la más completa satisfacción. Eso, hasta que volvió a nacer.

Fue el Espíritu Santo el que actuó, como al igual hizo con los apóstoles en Pentecostés, y quien le insufló de la luz que le permitió ver el camino. Ella comprendió que, a través de los Sacramentos y en nuestra relación con él, Dios se hace presente y que era verdad Él que había sido crucificado y que después resucitó por amor al hombre.

Ahí se encuentra el gran misterio del Cristianismo: el nuevo renacer a la vida, a una vida verdadera entregada  a los demás y dirigida hacia Dios. Pero sobretodo, admiró que su Padre, a pesar de la ceguera que había reinado en su vida, no había demostrado la más mínima duda en abrirla los brazos para demostrarla, como al resto de sus hijos, quién era él y por qué ella había sido elegida para vivir en el mundo: para amar.

BARAJA DE CARTAS

En el centro de la estrecha sala oscura, aunque iluminada ligeramente por una vela, destaca una amplia tabla de madera sobre la que reposa únicamente un vaso vacío, una botella de vino y un naipe de cartas.
A pesar de la longitud de la mesa, sólo hay un individuo, un único jugador. Uno solo porque, realmente, aunque nos autoconvezcamos de que competimos contra el resto del mundo, somos nosotros los que, en la hora definitiva, nos enfrentamos a nuestras elecciones.
El jugador agarra el naipe y comienza a barajar las cartas. Se toma todo su tiempo… porque realmente, tiene toda una vida para seleccionar su baza. Normalmente, escogemos las personas que nos son más afines, un círculo de relaciones con los que compartamos opiniones, gustos y experiencias; sin embargo, algunos otros escogen al azar, quizás porque no buscan nada en particular, o porque en la generalidad procuran hallarse a sí mismos.
Con unas pocas cartas abiertas en abanico en la mano, el jugador estudia las opciones que tiene para jugarlas… Entre la gran clasificación que había en el naipe, se ha guardado un Rey de Copas, una Sota de Oros, un Caballo de Espadas y un As de Bastos. Después, las va colocando boca arriba en la mesa, una junto a la otra, hasta quedar enfrente de él, desafiantes.
Mientras las observa, sabe perfectamente que si realiza una maniobra errónea, perderá la partida, como cuando nos arriesgamos en la toma de una decisión o en la selección de un camino en nuestra vida…
Puede recurrir al Rey de Copas, todo orgullo, o de orientación más bien soberbia… Ostentoso y altivo, aunque realmente no alcanza más allá de lo que aparenta. Cubierto con capa larga, de colores suntuosos, mirada lasciva y gozoso de reconocimientos inmerecidos. Muy útil para la propaganda de una identidad falsa que oculta un alma vacía. Sin embargo, para obtener intereses egoístas juega un buen papel, sobretodo si se combina con relaciones igualmente superficiales.
En cambio, podría ser mejor la elección de la Sota de Oros, al menos para los más avaros y materialistas. Suntuosa, de caminar altivo y presumido, distante, con una mirada fría y tentativa, siempre de soslayo… Su brillantez cobra protagonismo en escena, aunque su riqueza igualmente no va más allá de lo que guarda para sí y su lujoso traje de egocentrismo.
Por otro lado, el Caballo de Espadas, que hace honor a la aparatosidad armamentística que lleva, cubriéndose de glorias y alabanzas, heroicidades y destrezas que hasta parecen de leyenda, las cuales sólo él sabe si son ciertas o falsas. Sin embargo, aunque de palabras falsas y camufladas, su voluntad sigue siendo noble… aunque imprecisa.
Al final, queda el As de Bastos, un peón, un don nadie, de aspecto rudo y groserote. Pocos lo escogen, salvo los que prefieren solucionar los problemas a la fuerza bruta, sin pensar. Aunque su exterior se cubre de una coraza de corcho duro e infranqueable, su personalidad es firme, luchadora, que no cede ante nada…
Prefiero no decir qué carta es la que escoge, porque realmente, ese jugador, somos nosotros mismos. A lo mejor, en vez de arriesgarnos con esa fría baza de cuatro determinados caracteres, preferimos rebuscar en el naipe una opción más acertada… O más inteligente… O mejor aún: decidimos no vestirnos con ningún disfraz para no utilizar el destino a favor nuestro. Porque quien empieza manejando su vida de una determinada forma, acaba utilizando así al resto de personas con las que se relaciona, y la convivencia con los demás se convierte por tanto en un círculo de contactos que tan sólo intercambian expresiones y sentimientos disfrazados que lo único que pretenden conseguir son intenciones egoístas. Sin embargo, en la hipocresía no haya uno más que su propio engaño y perdición.

EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO: Una obra llena de transcendencia

Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados. Se levantó, pues, y se fue a casa de su padre“. Lc 15,11-20

El cuadro de “El regreso del Hijo Pródigo” fue una de las últimas obras realizadas por el pintor Rembrandt Harmensz van Rijn, el artista más reconocido del Siglo de Oro holandés. Rembrandt es admirado por su dominio de la luz, una luz que envuelve las imágenes otorgándolas de vida y que atrae al expectador hacia el momento más dramático del cuadro, guiándolo a través de sus formas, composición y personajes. Sin embargo, fue en su último periodo cuando Rembrandt elaboró un viaje por su alma, por el eje central de la experiencia mística y del amor divino.
El cuadro de “El regreso del Hijo Pródigo” representa esa unión completa del artista con su yo más profundo y espiritual, recurriendo a una escena bíblica donde se encarnan los valores del perdón, el dolor y la generosidad.
Aquí, Rembrandt se autorepresenta en las 3 figuras, puesto que no sólo se convierte en el padre del hijo pródigo, sino que él también fue ese hijo rebelde que se escapó de casa viviendo como un libertino.

Estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15,32), demuestra que con esta frase, el Amor de Dios carece de fronteras.

El hijo, con su petición de la herencia, no hace más que reclamar que su padre muera, ya que, como exige la parte que le correspondería tras la muerte del anciano, queda diciendo que es incapaz de aguardar ese momento. Es la ruptura más brusca y dolorosa con la tradición. Es el abandono del Amor de Dios.
El cuadro nos muestra un momento de gran calma y serenidad, donde el hijo apoya y descansa en el pecho de su padre, sujeto en un abrazo eterno, amable y lleno de significado. Jakob Rosenberg resume esta visión de forma muy bella cuando escribe: “El conjunto de padre e hijo carece de cualquier movimiento exterior, pero todo lo interior está en movimiento… La historia no tiene nada que ver con un padre terrenal.., la que se representa aquí es el amor y la misericordia divinas en su poder de transformar la muerte en vida.” .
Existe un fuerte contraste entre el color tierra de la ropa harapienta del hijo con el mantón rojo y dorado de su padre, lo que demuestra la dura pobreza que ha dejado detrás de sí el arrepentido frente a la riqueza de amor con la que se corona su padre. El hijo es un hombre desposeído de todo, salvo de su arma, símbolo de su origen noble. Se le representa con la cabeza afeitada, como los presos que carecen de identidad, como reflejo de toda la Humanidad, sin individualidad concreta. Sin embargo, también es la cabeza de un niño, un bebé, la infancia, que depende del seno de una madre. El hijo pródigo se nos muestra como la representación de la Salvación de la Humanidad entera. Aunque también es Cristo hecho carne, terrenal, que exclamó a su padre: “siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres” (Flp 2,6-7). Es decir, que no hay camino hacia Dios salvo el de Cristo.

La caridad que muestran el hijo y el padre se muestran en una bella iluminación que parece emanar de ellos, como reflejo de la pura bondad. Una irradiación que pasa del valor material de la vida (riquezas, honra…) al amor más sincero de un padre, el alma humana, que perdura más allá de la muerte.

Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.” Lc 15,25-31
El personaje del hermano mayor está cubierto de dignidad, sin embargo, muestra con mirada de resentimiento una postura que no se compromete con la realidad y el amor de Dios. El hijo mayor tiene la opción de elegir o no el amor del Padre, representa la propia lucha interna del ser humano en la postura espiritual, lo que implica al espectador de forma muy personal. Ésta es la imagen del Rembrandt egoísta, que sólo manejaba los intereses a su favor trabajando para el mecenazgo. El personaje no muestra alegría ni acogida ante el regreso. Queda apartado, con las manos agarradas y escondidas.
El hijo mayor recoge parecidos con el padre, sin embargo, éste se envuelve en oscuridad mientras el padre emana luz; él esconde las manos, mientras su padre las abre ampliamente en un abrazo; su rostro frío y fruncido frente a la mirada compasiva y llena de amor del padre. Frente al hijo menor, que se perdió en la lejanía y regresó, el hermano mayor se quedó en la casa pero se perdió en el corazón. Representa una ira resentida llena de envidia por ser él el hijo modélico pero que en cambio, queda ensombrecido con el regreso de su hermano.

En la figura del padre se abrazan la divinidad y la humanidad, la riqueza y la humildad, lo mortal y la eternidad, reflejado en el contraste entre las ropas y la edad madura del anciano. Lo más divino se capta en lo más humano. Simón es un anciano ciego, lo que demuestra la obsesión de Rembrandt a cierta edad por la gente que no ve es la que realmente contempla las cosas.
El núcleo de esta obra, del personaje del padre, son sus manos. Las manos y el rostro de Dios. Un autorretrato que refleja, no su cara, sino su alma espiritual. Sin embargo, la mano izquierda es fuerte, masculina; es una mano que sostiene con fuerza a su hijo. Frente a la derecha, más fina y delicada, más femenina, una mano que consuela. Dios sujeta y consuela.
Nouwen asemeja el mantón rojo que envuelven a ambas figuras como alas protegiendo a su hijo y recuerda el pasaje de la Biblia: Tú que vives al abrigo del Altísimo y habitas a la sombra del Poderoso, di al Señor: “Refugio y fortaleza mía, Dios mío, en ti confío”. Te cubrirá con sus plumas y hallarás refugio bajo sus alas. (Salmo 91,1-4)” .

El regreso del hijo pródigo se convierte en la obra culmen del artista, donde reúne completamente el mayor sentido transcendental de la divinidad, el reflejo de la Humanidad a manos de Dios y la expresión máxima del amor infinito e insaciable de Dios Padre junto con la humildad y sacrificio de Dios Hijo.

1984. Distopía en los medios

Aunque la obra de George Orwell de 1984 nos presenta una sociedad situada temporalmente en el siglo XX, la situación que se describe en ella puede caracterizar perfectamente tanto al periodo en el que se expandió el comunismo y el fascismo (antes y después de la II Guerra Mundial), como al mundo actual y su relación con los medios de comunicación.

Hoy e

n día, y en muy poco tiempo se ha de añadir, los medios de comunicación han tomado un importante papel en su relción con la sociedad hasta llegar a ser considerados como el Cuarto Poder. Es decir, han pasado de ser el instrumento informador a ser el enlace del ciudadano con la realidad, lo que provoca una seria dependencia de la persona con ese nuevo medio informativo si quiere ser consciente de la existencia y situación del mundo.

Sin embargo, el Cuarto Poder de la obra llega a influir de tal manera en el modo de pensar y actuar de las person

as, que produce casi una completa alienación y pérdida de identidad. Hoy en día, igualmente puede provocar que las personas se vuelvan vulnerables a la influencia de los medios hasta el punto de que les lleve a responder siguiendo lo que ellos dictan. George Orwell denuncia la figura del Estado dictatorial y en su empeño por desfigurar la realidad y la Verdad con tal de mantener a las personas siguiendo una perfecta correlación social en función de un gobierno. Es decir, una excelente manera de “controlar el presente para controlar el futuro. Controlar el pasado para controlar el presente”.

Larswell, autor de la obra “The structure and function of the Communication in Society” (1984), denuncia que los medios de comunicación actúan interviniendo y vigilando su entorno para convertire en un emergente poder

mediático entre la política y la sociedad, por lo que la comunicación se transforma en el canal que favorece una cohesión social. Orwell capta esta idea dominadora proponiendo el interés del Cuarto Poder de mantener una guerra constante (especialmente entre las tres potencias que se dictan en su libro: Oceanía, Euroasia y Asia Occidental) con tal de cargar las culpas a un enemigo y ganarse así la opinión pública. Esto se traduce en el lema que anuncian constanemente en 1984: “Guerra es paz”, es decir, que para mantener la paz dentro del Partido es necesario inculcar un odio hacia un adversario culpable y necesario) y el sentimiento propagandístico de los político es la mejor manera de conseguir la opinión pública.

Para reforzar ese alienamiento de la sociedad, Larswell remarca la influencia de los medios en la sociedad con su insistencia en introducir todas esa noticias que seleccionan previamente antes de sacarlas a la luz para separarlas de aquellas que no quieren que la gente sepa (si no se informan, no existen, ya que la gente sólo conoce aquello que sale en los medios). Por ejemplo, en el libro de George Orwell, todas esas personas que entorpecen la función del Partido, pasan a no existir, a ser “nopersonas”.

En definitiva, el Cuarto Poder hoy en día está cogiendo carrerilla para el control del pensamiento de la sociedad. La realidad no se reduce únicamente a lo que los medios nos presentan, porque muchas veces podrían estar manipulados o sencillamente, pobres y escasos. Para evitar un alienamiento, un “simple pensar”, las personas debemos tener nuestra propia postura crítica ante la  realidad y una curiosidad para buscar y reconocer la Verdad.

Digna publicación de un artículo de opinión…

¿Está Neo despertándose de Mátrix? Sobre el campamento de la Puerta del Sol

Hay dos cosas positivas en la concentración de la puerta del Sol de Madrid. La primera es que no sabemos exactamente de qué se trata ni a qué atenernos. Es decir, si hubiera sido claramente una iniciativa del Partido Comunista, de Zapatero o de los Tercios Carlistas, no estaríamos discutiendo ni habrían ido las cámaras a grabar. El segundo elemento positivo es que independientemente de lo que propongan o de quién pueda estar detrás (alentando) o delante (beneficiándose) está sirviendo de canalizador del monumental estado de malestar que tenemos viviendo en el maravilloso Estado del Bienestar.

Pero en política y en derecho (a diferencia de los juicios morales) las buenas intenciones no bastan para justificar lo que se hace (la mitad de los totalitarios asesinos tienen muy buenas intenciones) y las incertidumbres duran poco, porque hay que definirse a través de los actos y las palabras. Y son éstas las que nos tienen que dar los elementos para juzgar objetivamente. He aquí el manifiesto hasta ahora aprobado por la asamblea general de los acampados. Terminan diciendo “Lo queremos todo, lo queremos ahora”. ¿Quién no podría estar de acuerdo?

Pues para empezar, Hannah Arendt, (vid. Sobre la revolución) que distingue entre buscar la libertad o la liberación, siendo la primera una reivindicación de un espacio público donde concurren ciudadanos con derechos personales asegurados mientras la segunda aspira a resolver la –mal llamada– cuestión social. Es la diferencia entre la Revolución americana de 1776 y la Francesa de 1789. La primera era política, destinada a crear instituciones republicanas sólidas que permitieran la libertad política, social y personal de los ciudadanos. La segunda pretendió resolver casi todos los problemas del universo mundo: la religión, el hambre, los conflictos morales, la fraternidad sentimental, la igualdad real, etc… La primera sigue siendo la república democrática más antigua con la constitución más duradera (y breve) del mundo. La segunda sigue siendo… Perdón, la segunda Revolución acabó con un cabo corso enrolando a medio millón de campesinos y delincuentes franceses para saquear y destruir Europa (y en el proceso arruinar y destruir Francia). Del juramento del juego de pelota al Imperio francés de Napoleón hay un hilo de Ariadna muy sólido.

Si es verdad, como se señala (El Mundo, “La Asamblea de Sol se pone como objetivo cambiar la ley electoral”, 19 de may. de 2011) que piden el derecho a “una vivienda digna, papeles para todos los seres humanos, alquiler social universal, que el Estado administre las viviendas con más de diez años en desuso, además de la abolición de: la ley de extranjería, Bolonia, la ley Sinde y la antitabaco”, tienen un lio monumental en la cabeza. O más bien, no. Más bien tienen las cosas demasiado claras. Como se dice en el manifiesto: “Lo queremos todo, lo queremos ahora”. No cabe duda dónde hay que clasificar a este movimiento: Liberty 0 – Libération 1.

La Puerta del Sol adolece de los males que acompañan a España desde la Guerra de Independencia: mucha energía, nada de cabeza. Seguimos siendo pollos (decimonónicos) sin cabeza: corremos y erramos igualmente. A todos les parece evidente que hay que pedir más. A nadie se le ocurre que al revés, nuestro querido sistema estatal lo que nos impide y prohíbe es dar. Él ya da por nosotros (pues es más sabio y conoce todas las necesidades del prójimo mejor) y mete la mano en nuestro bolsillo, en nuestra familia e incluso, en nuestra vida sexual (niños incluidos). Esta falta de posibilidad de dar libremente al bien común es la tesis del pensador alemán Sloterdijk, (cfr. el artículo aparecido en Razón Española, “La revolución de la mano dadivosa”) cuando afirma que impuestos y ciudadanía son mutuamente excluyentes. Que el Impuesto sobre la Renta es una expropiación que mantiene la cleptocracia de Estado. Que casi la mitad de nuestro trabajo se va a las arcas del Estado (puede calcular cuándo empieza a trabajar para sí mismo y su familia aquí). Que no ha habido ningún régimen político que expropie tanta riqueza y con tanta eficacia de sus súbditos. Y –lo peor de todo- eso genera la mentalidad que piensa como posible y deseable “que todos vivan a costa de todos” (F. Bastiat, La ley) donde estemos contentos, y sin darnos cuenta, vivir en un “Estado servil” con vidas proletarizadas (H. Belloc, El Estado servil lo advirtió perfectamente ¡a principios del s. XX!) o dentro de una sociedad controlada a través de la uniformización laboral y el consumo (A. Del Noce, Agonía de la sociedad opulenta). Puerta del Sol: Eso, que el Estado imprima más papelitos para que suban los salarios y el consumo, que reparta viviendas gratis y que siga en su política eficaz de empleo (más trabajadores públicos y enchufados del partido). Habrá que ir a gastárselo rapidito, porque, como sin duda saben los peticionarios de Sol (y Luna y Tierra, y “¡lo queremos todo!”): la inflación permanente hace que nuestra riqueza real sea cada vez menor (el proceso de creación de dinero de la nada aquí). Pero no deja de ser sino un magnífico mundo donde podemos estar liberados para, para… el supermercado (M. Houellebecq, El mundo como supermercado). Bueno, no exageremos: liberados para el “yo no soy tonto”.

Comentaba el intelectual católico Augusto del Noce en 1968 sobre el Mayo francés: “los extremistas quieren ir más allá del aburguesado partido comunista y rechazan ser instrumentalizados. Su eslogan es <<contra todos los partidos, porque va contra el sistema>> […] No hay necesidad de insistir demasiado sobre la necesidad en la que el movimiento está prisionero; como para los primeros fascistas, no hay otra posibilidad política para los rebeldes, excepto la de unirse con una de las fuerzas del sistema, pero no ya en calidad de guías, sino de instrumentos. En la unidad de las izquierdas tendrán la función de guardias de asalto y gastadores. Dejar a otros las tareas subversivas, apoyar, presentarse sucesivamente como principio de orden, lograr el control son las mejores ocasiones para el partido comunista. […] Si la nueva generación ha sido sensible a argumentos, sustancialmente infantiles, se debe a la falta de una cultura verdaderamente seria y adecuada, apta para guiarlos en sus elecciones […]. Los intelectuales deben tomar conciencia de que la “revolución estudiantil” no ha sido un episodio de carnaval, sino un signo providencial para concienciarles de su responsabilidad; y si la oposición debe ser férrea con respecto a las imposiciones y a las propuestas que no dependen más que de la tentación totalitaria, sin embargo, debe ser distinta la actitud con respecto a la genuina, aunque confusa, incomodidad moral” (Agonía…, p. 62). Cuarenta años después, los hijos de los que mandan ahora (los jóvenes del mayo del 68) vuelven a repetir la misma historia (Cayo Lara, IU: “Mi hija ha pasado la noche entre los acampados”).  Eso significa que en cuarenta años seguimos en el mismo sitio: genuina incomodidad moral, tentación estatista, falta de criterio cultural y de verdaderos pensadores (con excepciones como Dalmacio Negro).

¿Indignación? Stephane Hessel es un estatista de larga tradición. Incluso se pone como mérito el haber participado en la redacción de la Declaración de Derechos Humanos. En primer lugar, él no pintó nada real en semejante documento (ver el artículo de García Domínguez en Libertad Digital). En segundo lugar, eso sólo le pone dentro de la camarilla estatisto-socialdemócrata que desde finales de la segunda guerra mundial (o guerra civil europea 1914-1945) gobierna. ¿Indignarse? Si acaso me quedo con el Stolz (orgullo, dignidad) de Sloterdijk, ciertamente criticable, pero sin duda bastante más serio que el típico discurso abuelocebolletista de la izquierda más conservadora. Indignarse es simplemente reactivo y acaba por medirse con lo que pretende erradicar, convirtiéndose así en una reproducción del sistema. El sistema no es tan tonto como para no afianzar su legitimidad previendo lo anti-sistémico (como parte del sistema). Este es el mecanismo del ciclo de la violencia mimética tan bien descrito por R. Girard (vid. Veo a Satán caer como el relámpago).

Como dice el Arquitecto de Mátrix: “eres el producto de una anomalía, que a pesar de mis denodados esfuerzos no he sido capaz de suprimir de esta armonía de precisión matemática. Aunque sigues siendo una incomodidad que evito con frecuencia, eres previsible. Y no escapas a unas medidas de control que te han conducido inexorablemente… aquí. […] Si no se regulan aquellos que rechazan el programa, aunque sean una minoría, constituirán una creciente probabilidad de desastre”.

En España no hay libertad educativa (monopolio estatal de iure y de facto), no hay “libertad de vivienda” (el derecho urbanístico estatal es la causa del alto precio de la vivienda), no hay libertad económica (pues no hay libertad de propiedad donde el Estado zorro se lleva la mitad de los huevos de las gallinas) y por último no hay libertad colectiva o política, pues el Estado consigue que nos aislemos en nuestra pequeña vida privada.

Pero entonces, si la Puerta del Sol es un cul-de-sac, ¿qué hacemos? ¿ qué solución alternativa hay? No lo sé. Pero seguro que pasa por la Puerta del Pensamiento y lejos de reprogramar Mátrix. No sirve a mucho la indignación anti-Mátrix (prevista por el sistema). Mejor la dignidad de hacer serena y cordialmente algo nuevo, fuera de Mátrix (sin dejarse condicionar ni positiva ni negativamente por el Estado). Pero eso, no se puede afrontar seriamente en tres páginas, so pena de entrar por otra puerta en el asambleísmo solar (y lunar) del kilómetro cero.

¿Neo despertándose de Mátrix? No creo. Como mucho, los acampados sienten el dolor de “una astilla clavada en su mente” (Morfeo dixit). Pero está claro que si los de Sol piden más Estado, o sea, más líneas de programación de Mátrix, para arreglar los problemas generados por el Estado (y por sus millones de líneas de BOE-programación que en jerga estatal se llaman constituciones, leyes, reglamentos, órdenes ministeriales, formularios, trámites, permisos, licencias, controles, aduanas, etc… y sus en vez de programadores, funcionarios) entonces es que siguen en 1968. Y así, ¿qué puede ser la puerta del Sol –muy a su pesar y en el mejor de los casos- sino una rebelión del agente Smith contra sí mismo?

 Autor: Alonso Muñoz Pérez

Tampoco nos importa…

No se tú… pero yo busco…
Y me dirás: “Si… pero ¿encuentras?” Bueno… en eso consiste una búsqueda ¿no? Pero no todos deseamos lo mismo, supongo… Hay de los que ni siquiera se preocupan por ello y simplemente vagan sin rumbo atándose a cosas fugaces a las que llaman: “Felicidad”; que a la larga (que no ahora, puesto que ahora prefieren reírse de aquellos que distinguen como “diferentes”, o “raros”, dependiendo de la radicalidad de cada uno) descubrirán que no fue más que una pérdida de tiempo y que realmente, al final, no saben qué es lo que han sacado de provecho durante sus 70 años de vida… Qué pérdida de tiempo…
Puede sonar muy platónico, o estúpido algunos pensaréis (pero me importa una mierda, cada uno es como es), pero unos ven un mundo y se quedan en el primer vistazo… y luego hay otros que se aventuran a descubrir El Mundo. Vamos, lo que se traduce en: me quedo con el vértice del iceberg (los primeros), o me busco un equipo de buceo para saber el real tamaño que abarca el hielo bajo la profundidad del mar. Esta idea ya se dijo en la película de Blade Runner en boca de ese “extraño” replicante (que igualmente podríamos calificar como “persona diferente” dentro del contexto de la película) llamado Roy que dice así: “he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión…He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser…Todos esos momentos se perderán… en el tiempo, como lágrimas…en la lluvia… “.
El hombre, en su diferencia con los demás, en sí mismo, es increíble; pero más en su relación con el Mundo… ¿Cuán estúpido eres que no te fascinas por la herencia del Pasado, la construcción del Presente y el legado para el Futuro? Tú me dirás: ¿para qué preocuparse por eso? Vivimos para ser felices ¿no? (por favor… querrás decir que vives para pasarlo de puta madre… que no es lo mismo). Joder… entonces el vacío que debes sentir es inmenso, ¿no? Eso, o te has autoconvencido de que no sirves para nada ni tampoco te importa… total… si se te da un tiempo para vivir es para pasarlo bien ¿no?
…¬¬…
Lo peor de todo es que… seguramente un 80% de personas piensan así y consideran “especialito” a ese otro grupo que acapara el 20%. Bueno, pero nuestro grupo por lo menos vive con algo y para algo.
“Especialitos”, “raritos”, e incluso “humanistas” dicen algunos… Da igual cómo lo llaméis… Tenéis razón… Y lo mejor de todo, es que “tampoco nos importa” XD. Me alegro de pertenecer a ese 20 %.

Curioso caso: de viejos y jóvenes…

Como en el Caso de Benjamin Button… personas mayores que optan a comportarse como críos y jovenzuelos que se disfrazan de personas adultas… No son más que juegos psicológicos. Unos que regresan a las fábulas en donde ellos se autoconvencen de ser los héroes, que se ven inmersos en la ilusión de que su camino es cambiar el mundo y son capaces de todo cuanto se proponen. Luchan, se engrandecen y a veces.. se desmienten… Y muco más tarde, tras largo tiempo gritándole a la gente que por qué no creen en ellos, se dan cuenta de la cruda realidad: no son los únicos que van por el mundo, están mayores y no han conseguido nada con esas proyecciones de sueños imposibles. Son idealistas, sí… pero positivos, únicos y por lo menos tienen algo que construir en un mundo gobernado por críos que prefieren ser viejos, donde aún beben de las papillas hechas por su mamá mientras sueltan largos discursos sin real contenido…
Juguemos a ser alguien empezando por dar el paso inicial: ser un don nadie…

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