Pintura y música

Another brick in the wall: El posmodernismo de Pink Floyd

PinkFloyd-The Wall-DVD

The Wall es uno de los álbumes de rock más intrigantes y que más ha calado en el público; fue promovido a partir de 1979, ganó fama gracias a un tour que se realizó entre 1980 y 1981 y en 1982 se creó la película The Wall.  El álbum de Pink Floyd logró un increíble éxito, una apabullante recepción en los escenarios y un impacto visual en la pantalla cinematográfica en la época de los 80 e incluso, aún sigue vigente en la actualidad.

Durante esa etapa histórica, los grupos de música de rock, pop, punk e indie competían con Pink Floyd por lograr alcanzar el puesto número uno en la lista de recopilación musical del momento. Los temas de las canciones y los discos del grupo recopilaban todo ese movimiento en vacío que dominaba a la sociedad del momento -nihilismo, el malestar, la angustia, la locura, el pánico…-, hasta que se convirtieron en un importante referente social y musical.

4 TAquello que diferencia el álbum The Wall del resto de discos de Pink Floyd es el propio creador e ideólogo del grupo, Barret. La historia que nos narra en el disco se sitúa en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y el protagonista es un chico, Pink, quien vive en un escenario de desolación y cambio, heredado del conflicto bélico. El niño perdió a su padre y vive con su madre, una mujer que es sobreprotectora y exigente. Desde pequeño, Pink crea un muro mental entorno a sí mismo que lo aísla de los problemas emocionales del mundo; por lo que, cada preocupación (su dominante madre, la pérdida de su padre, el estricto sistema educacional, las drogas, un sistema de gobierno que trata a los ciudadanos como piezas de un engranaje…; todo reflejo de la sociedad de los años 80, donde el individuo deambulaba buscando su identidad ante el nuevo cambio mundial), en vez de afectarlo a él, se convierte inmediatamente en un ladrillo de ese enorme muro tras el que se oculta. Fruto de su aislamiento, Pink se irá hundiendo en el nihilismo, en un fuerte existencialismo donde la libertad se convierte en lo fundamental para la vida del individuo.

the wall 3Así, descubrimos que el álbum de Pink Floyd es, en realidad, un reflejo de la imaginación de su autor, de su propia vida y la de multitud de ciudadanos que vivieron durante esos años; es decir, es la representación del antihéroe contemporáneo, un hombre existencialista que se busca a sí mismo y el significado de la época en la que vive tras la guerra. Ese niño, Pink, ha crecido sin la esperanza de una transcendencia, carente del apoyo paternal, pues murió combatiendo en la guerra, obsesionado por el rostro desfigurado de los gobiernos totalitaristas, engañado por la nueva sociedad materialista y cínica… Aquí se nos presenta la pregunta que se plantea en el disco y que incluso, se sigue escuchando hoy en día como un eco en nuestra sociedad: ¿Qué podemos hacer ahora? ¿Qué podemos hacer cuando ya todo está saturado, cuando nos supera la sensación de angustia…? Sin duda, Pink construye un muro y aprovecha todas esas cuestiones para convertirlas en ladrillos de su propia prisión.

En la obra de Pink Floyd, como también vemos en la película, descubrimos la confusión de la sociedad posmoderna, la convivencia entre lo real y lo irreal, la duda ante la existencia y el transcurso de la historia… Por tanto, podemos entender la composición musical y fílmica como una metáfora donde se nos revela los aspectos fundamentales que integran y atacan a la sociedad posmoderna.

La imagen que se nos presenta en el video oficial de la canción es una crítica al sistema socialista, donde el individuo no es más que un componente de una sociedad, que es el pilar fundamental para el funcionamiento del orden, que suprime toda identidad o individualidad, por eso los niños llevan máscaras y, arrastrados por esa máquina, se convierten en producto. Además, presenta el sistema educacional del momento abusivo y destructor del alma humana, al generar una educación sistematizada donde todos debían aprender lo mismo y de la misma manera.

El álbum es una autobiografía de Barret, quien, como vemos repetir en la canción, decide que no necesita nada, escudo que emplea al haber crecido con tan poco. El disco reúne tres partes, luego hay que escucharlas todas para poder comprender el mensaje, así como también hay que ver la película, ya que se nos presentan todas esas yagas que afectaron al artista y a una época de la que ahora somos los herederos. Al final de la película descubrimos una referencia a la caída del muro de Berlín y en este contexto, se interpreta como símbolo de que al fin, la humanidad continúa.

EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO: Una obra llena de transcendencia

Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados. Se levantó, pues, y se fue a casa de su padre“. Lc 15,11-20

El cuadro de “El regreso del Hijo Pródigo” fue una de las últimas obras realizadas por el pintor Rembrandt Harmensz van Rijn, el artista más reconocido del Siglo de Oro holandés. Rembrandt es admirado por su dominio de la luz, una luz que envuelve las imágenes otorgándolas de vida y que atrae al expectador hacia el momento más dramático del cuadro, guiándolo a través de sus formas, composición y personajes. Sin embargo, fue en su último periodo cuando Rembrandt elaboró un viaje por su alma, por el eje central de la experiencia mística y del amor divino.
El cuadro de “El regreso del Hijo Pródigo” representa esa unión completa del artista con su yo más profundo y espiritual, recurriendo a una escena bíblica donde se encarnan los valores del perdón, el dolor y la generosidad.
Aquí, Rembrandt se autorepresenta en las 3 figuras, puesto que no sólo se convierte en el padre del hijo pródigo, sino que él también fue ese hijo rebelde que se escapó de casa viviendo como un libertino.

Estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15,32), demuestra que con esta frase, el Amor de Dios carece de fronteras.

El hijo, con su petición de la herencia, no hace más que reclamar que su padre muera, ya que, como exige la parte que le correspondería tras la muerte del anciano, queda diciendo que es incapaz de aguardar ese momento. Es la ruptura más brusca y dolorosa con la tradición. Es el abandono del Amor de Dios.
El cuadro nos muestra un momento de gran calma y serenidad, donde el hijo apoya y descansa en el pecho de su padre, sujeto en un abrazo eterno, amable y lleno de significado. Jakob Rosenberg resume esta visión de forma muy bella cuando escribe: “El conjunto de padre e hijo carece de cualquier movimiento exterior, pero todo lo interior está en movimiento… La historia no tiene nada que ver con un padre terrenal.., la que se representa aquí es el amor y la misericordia divinas en su poder de transformar la muerte en vida.” .
Existe un fuerte contraste entre el color tierra de la ropa harapienta del hijo con el mantón rojo y dorado de su padre, lo que demuestra la dura pobreza que ha dejado detrás de sí el arrepentido frente a la riqueza de amor con la que se corona su padre. El hijo es un hombre desposeído de todo, salvo de su arma, símbolo de su origen noble. Se le representa con la cabeza afeitada, como los presos que carecen de identidad, como reflejo de toda la Humanidad, sin individualidad concreta. Sin embargo, también es la cabeza de un niño, un bebé, la infancia, que depende del seno de una madre. El hijo pródigo se nos muestra como la representación de la Salvación de la Humanidad entera. Aunque también es Cristo hecho carne, terrenal, que exclamó a su padre: “siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres” (Flp 2,6-7). Es decir, que no hay camino hacia Dios salvo el de Cristo.

La caridad que muestran el hijo y el padre se muestran en una bella iluminación que parece emanar de ellos, como reflejo de la pura bondad. Una irradiación que pasa del valor material de la vida (riquezas, honra…) al amor más sincero de un padre, el alma humana, que perdura más allá de la muerte.

Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.” Lc 15,25-31
El personaje del hermano mayor está cubierto de dignidad, sin embargo, muestra con mirada de resentimiento una postura que no se compromete con la realidad y el amor de Dios. El hijo mayor tiene la opción de elegir o no el amor del Padre, representa la propia lucha interna del ser humano en la postura espiritual, lo que implica al espectador de forma muy personal. Ésta es la imagen del Rembrandt egoísta, que sólo manejaba los intereses a su favor trabajando para el mecenazgo. El personaje no muestra alegría ni acogida ante el regreso. Queda apartado, con las manos agarradas y escondidas.
El hijo mayor recoge parecidos con el padre, sin embargo, éste se envuelve en oscuridad mientras el padre emana luz; él esconde las manos, mientras su padre las abre ampliamente en un abrazo; su rostro frío y fruncido frente a la mirada compasiva y llena de amor del padre. Frente al hijo menor, que se perdió en la lejanía y regresó, el hermano mayor se quedó en la casa pero se perdió en el corazón. Representa una ira resentida llena de envidia por ser él el hijo modélico pero que en cambio, queda ensombrecido con el regreso de su hermano.

En la figura del padre se abrazan la divinidad y la humanidad, la riqueza y la humildad, lo mortal y la eternidad, reflejado en el contraste entre las ropas y la edad madura del anciano. Lo más divino se capta en lo más humano. Simón es un anciano ciego, lo que demuestra la obsesión de Rembrandt a cierta edad por la gente que no ve es la que realmente contempla las cosas.
El núcleo de esta obra, del personaje del padre, son sus manos. Las manos y el rostro de Dios. Un autorretrato que refleja, no su cara, sino su alma espiritual. Sin embargo, la mano izquierda es fuerte, masculina; es una mano que sostiene con fuerza a su hijo. Frente a la derecha, más fina y delicada, más femenina, una mano que consuela. Dios sujeta y consuela.
Nouwen asemeja el mantón rojo que envuelven a ambas figuras como alas protegiendo a su hijo y recuerda el pasaje de la Biblia: Tú que vives al abrigo del Altísimo y habitas a la sombra del Poderoso, di al Señor: “Refugio y fortaleza mía, Dios mío, en ti confío”. Te cubrirá con sus plumas y hallarás refugio bajo sus alas. (Salmo 91,1-4)” .

El regreso del hijo pródigo se convierte en la obra culmen del artista, donde reúne completamente el mayor sentido transcendental de la divinidad, el reflejo de la Humanidad a manos de Dios y la expresión máxima del amor infinito e insaciable de Dios Padre junto con la humildad y sacrificio de Dios Hijo.

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