CINE

LA UTOPÍA EN EL CINE

¿Qué ocurriría si alguien se percatara de que su existencia no es fruto del amor, sino resultado producido por un tubo de ensayo?” (Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?).

Yo sólo quiero vivir. El cómo no importa” (La isla, Michael Bay).

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El sueño por alcanzar la perfección, la inmortalidad, la belleza perpetua o la idea del súper hombre nietzscheano, así como la construcción de una sociedad idílica, imposible de crear en un mundo de diferencias y deficiencias, lo hemos reconocido en multitud de obras literarias (Un mundo feliz de Aldous Huxley, Utopía de Tomás Moro, Frankenstein de Mary Shelley, 1984 de George Orwell…) y en planteamientos filosóficos de autores como Saint-Simon, Charles Fourier o Ernst Bloch. El Séptimo Arte tampoco se ha cansado de mostrar esta ansia humana de ser algo más, de alcanzar el límite de la existencia y de su esencia, hasta que el sueño queda convertido en algo inhumano, nada utópico, sino distópico.

i-robot-5254b9dd48379La inagotable búsqueda de la perfección, decepción ante las limitaciones de la creación, se orienta sobre todo en fijar las esperanzas de alcanzarlo a través de la tecnología y, por influencias de la obra de Frankenstein de Mary Shelley, se ha descubierto que la máquina, instrumento creado por el hombre, es la solución a la cuestión humana, pudiendo ser científicamente perfecta, capaz incluso de reproducir las emociones y el intelecto humano, hasta el punto de que el hombre llega a quedar infravalorado frente a ésta. Ejemplo de la teoría es la película de Yo, robot, de Alex Proyas, Matrix de los hermanos Wachowski o Eva, de Kike Maillo, que plantea la posibilidad de crear un robot programado con un nivel de emociones igual a las humanas.

Sin duda, Blade Runner de Riddley Scott se ha convertido en un clásico de notable transcendencia e influencia en el cine dentro del género de ciencia ficción, no sólo por su estética visual, sino también por su contenido temático. El guión sigue la base original de la obra de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, y nos sitúa en un futuro en el que la vida se ha convertido en mercancía porque en el siglo XXI se ha alcanzado el extremo de la globalización y de la contaminación, hasta el punto de que se paga oro por seres no creados por la tecnología. Ambientado en una ciudad apocalíptica, imagen similar a la del Infierno descrito por Dante en la Divina Comedia, el autor expresa la máxima depravación de la ambición humana en la fuerte y poderosa compañía Tyrell, la cual ha conseguido diseñar un producto que alcanza la perfección del hombre: el Nexus-6. Sin embargo, más allá de ser materia industrial, estos androides acabarán presentando una esencia que, en palabras de su creador, les convierte en “más humanos que los humanos”, al poseer unas cualidades que han perdido aquellos que los persiguen: una conciencia muy desarrollada, un gran sentido de la moral, un afán de relaciones, el deseo de la inmortalidad y la búsqueda insaciable de su creador. Una reflexión acerca del origen y la esencia del ser humano.

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Similar a ésta es La Isla, de Michael Bay, la cual retoma la trama que ya conocemos de El mito de la caverna y que nos presenta la situación de los que viven en un espacio que los mantiene supuestamente protegidos de la contaminación que ha asolado el planeta, pero que resultan ser unos clones, seres humanos generados a partir de células madre, creados por el dinero de aquellos que han invertido en un producto realizado a su imagen que les garantiza un futuro de salud y de bienestar. Nunca me abandones, de Mark Romanec, diferente película sobre el tema de la clonación, es otro grito y lamento por la inhumanidad de la manipulación de la genética humana.

No obstante, la teoría de vivir en una sociedad ideal, donde gobierne el orden, el control, la igualdad, la eficacia y la constante lealtad y servicio del ciudadano, no se ha agotado en ningún momento de la Historia. Como resultado de la aspiración de establecer el Reino de los Cielos en la Tierra, alimentada por la ambición y el egoísmo de unos pocos, hemos visto que se acaban generando, sin embargo, estados totalitarios que anulan completamente a la persona, convirtiéndola en esclava de una enorme maquinaria que busca alcanzar un estatus alejado del respeto a la verdadera esencia del ser humano. El cine es un perfecto espejo de esta realidad. En muchas películas, como por ejemplo la obra adaptada a la gran pantalla de 1984 de George Orwell o la exitosa trilogía de los Juegos del Hambre, basada en las novelas de Suzanne Collins, se presentan a los medios de comunicación, especialmente a la televisión, como el cuarto poder, con una peligrosa capacidad de controlar el pasado para manipular el presente y, con ello, el futuro. Otras formas políticas orientadas a establecer la utopía y presentadas en el Séptimo Arte son como la que descubrimos en Minority Report, novela también de Philip K. Dick y dirigida por Steven Spielberg, que busca un futuro donde se prevengan los crímenes, o la de Equilibrium, de Kurt Wimmer, donde el estado de Libria crea una cura que anula el sentimiento humano para evitar la violencia y el descontrol.

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El cine es un laboratorio de formas de pensamiento, teorías y sueños, el cual nos demuestra que es imposible alcanzar el estado ideal de la existencia ya que para ello se debería prescindir del ser humano, esencialmente imperfecto, decisión que llevaría a la depravación y a la destrucción de la dignidad del hombre.

Si hay un error, es humano. Siempre lo es” (Minority Report, Steven Spielberg).

Marta Gª Outón

 

EL FRENTE EN LA 1 GUERRA MUNDIAL: WAR HORSE Y SIN NOVEDAD EN EL FRENTE

sin-novedad-en-el-frente-1930Hay acontecimientos que generan historias que contar e historias contadas que provocan acontecimientos y la película “Sin novedad en el frente” (All Quiet on the Western Front), de Lewis Milestone, es un ejemplo de ambas cosas. Erich Maria Remarque, antiguo combatiente en el ejército alemán, publica la obra en 1929, en la que se atreve a rescatar sus experiencias personales en el frente durante la I Guerra Mundial y por su transcendencia generó una grave polémica en el territorio nazi, donde incluso quedó el libro prohibido. Su diálogo, percibido en la adaptación cinematográfica de Lewis Milestone, emplea un tono antibelicista, en contra de lo que genera la guerra: la destrucción del alma del ser humano. En el prefacio de su novela, Remarque escribe: “Este libro no es ni una acusación ni una confesión, y mucho menos una aventura; la muerte no es una aventura para aquellos que se encuentran cara a cara con ella. Simplemente trata de hablar sobre una generación de hombres que, aunque pudieron escapar de su cobertura, quedaron destrozados por la guerra”.

Con esta advertencia del autor, comprobamos lo que se nos desenmascara en la película: la transformación de los valores del honor, el deber, la gloria o la disciplina que condujeron al conflicto al resultado de un momento histórico que edificó el pesimismo humanista, el existencialismo alemán o el nihilismo nietzscheano en la civilización europea. La obra va dirigida a la generación arrastrada a la desesperanza y a una falta de estabilidad. Contada a través de un joven soldado alemán de infantería, “Sin novedad en el frente” relata la decapitación de la vida, del espíritu de conciencia y realidad, cuando uno se adentra en el frente, donde sólo conoce el sufrimiento, un sufrimiento experimentado por hombres sin banderas, por seres humanos. Esto destaca el sentido simbólico que obtiene el frente en la película: las líneas de trincheras son ese lugar que remarca la diferencia de los países, de las sociedades y de las personas, pero que en realidad obtiene su coherencia en el encuentro que se produce en tierra de nadie, donde todo eso que separa se une, porque detrás se encuentran los mismos individuos, con sus sueños, debilidades y fortalezas, seres humanos.

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Diferente interpretación sacamos en el cine actual a lo que aconteció en el frente durante la Gran Guerra, sobre todo a través de un director que siempre muestra una mirada particular y más amable de la Historia. La guerra es una de las obsesiones de Steven Spielberg (“Salvar al soldado Ryan”, “La lista de Schindler”), no obstante, el director rescata el lado más realista del desastre para transformarlo en poesía.  El director estadounidense no necesita mostrarnos la guerra a través de las escenas típicas de sufrimiento y carnicería, sino que a veces desea llevarnos más allá, a la mirada más pura y sencilla del horror: al corazón humano herido en su inocencia. Por eso, los protagonistas a los que suele recurrir para destacar esto son niños, jóvenes o, como en este caso, animales.

a9c6f0_cc5a1d600c1f4a99bf5fb80748c72a01La película “War Horse” nos habla de la realidad en el frente durante la I Guerra Mundial y, en este extenso recorrido bélico, un joven animal, Joey, se convierte en el narrador de la historia. El caballo se presenta como el superviviente de la guerra, testigo de la heroicidad y del sacrificio, de la tortura y de la condena, pero también transformador de lo negro en luz. Con él, los diferentes protagonistas de la obra llegan a alcanzar dos extremos: el de la vida, esperanza en un escenario condenado, sin sueños, y el de la muerte, arrastrada por el predominio de una falta de humanidad. Joe comienza sus andaduras con un joven británico que vive en una granja, Albert, pero con el estallido de la guerra se convierte en un caballo de batalla que traspasa el frente y pasa a las manos de dos hermanos alemanes, una niña francesa que vive con su abuelo en tierra sometida, para llegar hasta el lugar del verdadero horror para servir como carnaza arrastrando la maquinaria de la muerte. En el excepcional plano secuencia en el que vemos a Joey correr, cruzando la tierra de nadie, entre el fuego, el alambre y las balas, se desvela el verdadero papel del animal, protagonista de la cinta, asimilándose a esa libertad despechada que guía al pueblo en medio del fragor de la batalla, pintura de Delacroix, avanzando entre los cadáveres derribados por la guerra, pasando sobre un frente y otro, hasta que acaba atrapada entre ellos y se convierte, entonces, en la causante de un momento de paz, de amistad, de esperanza que anuncia el final de un conflicto impulsado por hombres que sueñan con lo mismo: volver a casa.

La película de “War Horse” nos habla de guerra y de víctimas en el frente de la I Guerra Mundial, pero Spielberg rescata de ahí el lado más esperanzador de la humanidad a través de su figura protagonista, la cual nos recuerda que, en medio del mayor desastre, también se puede encontrar la mayor expresión de bondad y caridad, y que en la muerte, aunque sea difícil de creer, uno puede rozar la experiencia de los milagros.

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Ambas películas son un relato diferente de la guerra que uno encuentra en el frente. Una representa el lado más realista y dramático de ésta, deteniéndose en las consecuencias negativas que cosecha: el enterramiento del ideal y de la esperanza; mientras que la otra destierra de esa oscura interpretación el lado más heroico, el que sobrevive en medio de la barbarie, haciendo destacar en ella, sepultada por un genocidio en masa y sin nombre, la misericordia, la humanidad.

EL COMPROMISO DEL CINE POR UN MUNDO MEJOR

america-america1Desde el principio de los tiempos, las personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Esas infinitas mareas humanas presentes en nuestra historia desde que el hombre es hombre se producen debido a las carencias y defectuosas situaciones que se viven en muchos lugares, pero también porque en el ser humano existe la aspiración de conformar una unidad social en la que se respete las diferencias y en la que uno pueda completarse, “ser algo más”.

El cine, al igual que las demás artes, es una forma de relato donde vemos escrito, como si fuera un diario, el misterio del ser humano. De esta manera, el Séptimo Arte también nos enseña cuál es la importancia y el impacto que suponen las migraciones y nos propone diferentes maneras de entender este fenómeno. Hay dos películas que nos aportan algunas claves para descubrir el sentido de las migraciones y cómo sus protagonistas afectan a la forja de la humanidad.

Una de ellas es América, América, realizada en 1963 por un reconocido y muy respetado director de cine: Elia Kazan. Gracias al viaje que emprendió desde Turquía su tío –protagonista de esta historia-, su contribución al cine y la realización de esta película han sido posibles. La película relata el viaje que emprende un joven griego impulsado por la necesidad de alcanzar América, el país en el que, para todo extranjero, cualquier cosa es posible (“para la gente oprimida, América es un sueño”, explica el director). Aquí, el director no nos muestra la experiencia del emigrante en la nueva tierra, sino el viaje que éste emprende y lo que esto provoca sobre el valiente y las generaciones que le siguen. Es una verdadera odisea la que vive Stavros. Como Ulises, durante el viaje es tentado por el dinero, la comodidad… pero nada lo aparta de su camino. El llegar a América se convierte en algo esencial de su existencia y lo comparte con el espectador, porque esa inquietud es inherente en todo ser humano: la búsqueda del viejo interrogante filosófico de otras realidades y la respuesta a la existencia del hombre.

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318Gran Torino, de Clint Eastwood, es otro ejemplo esclarecedor de esta realidad. Los protagonistas de esta historia no son los viajeros recién establecidos, sino el extranjero ya afianzado en el país. Walt Kowalski (Clint Eastwood) es uno de los últimos héroes norteamericanos, veterano combatiente en la Guerra de Korea, un viejo dinosaurio anclado a un pasado y aferrado a un coche que en su día fue un rey como si éste fuera su flotador en la nueva sociedad multicultural. Kowalski resuelve todo utilizando el idioma de las armas y demuestra un claro recelo hacia los que han invadido su barrio –en su mayoría inmigrantes. Sin embargo, esa actitud es la misma que hoy descubrimos en esas respuestas negativas hacia el que es diferente, hacia el que viene de fuera. El odio, los prejuicios… surgen de nuestras propias dificultades, miedos o individualismos, pero esto se soluciona cuando uno se relaciona con los demás, cuando uno se abre al otro, y así nos lo demuestra Clint Eastwood en su película. El Gran Torino aparece tapado o casi tapado y como a Kowalski, tan solo lo vamos viendo a medida que se deja ver por los demás. Al final, Walt Kowalski halla aquello de lo que carece en la familia hmong que reside como vecina y encuentra su redención en el perdón y ofreciendo su vida, dándosela a aquellos que llegan a un nuevo hogar en busca de una; con este gesto, redime a sus anteriores personajes revelando que la violencia no es el camino para solucionar las diferencias.

El cine, a través de algunas películas como las que acabamos de nombrar, nos desvela que la riqueza de la humanidad se logra gracias a la amplia diversidad, porque lo que carece una cultura o una persona lo aporta otra, y en las faltas y aportaciones se conforma una unidad completa, equilibrada y perfecta. Existe una solución al individualismo y al egoísmo, al odio y a los prejuicios hacia el que es diferente. El Séptimo Arte nos lo muestra y el Papa Francisco nos lo recuerda: la apertura al otro.

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«La tolerancia es el primer paso para la auténtica libertad» (Papa Francisco I).

MARTA GARCÍA OUTÓN

EL SUPERHÉROE ANTIHÉROE

Lo especial de un superhéroe es que inspira y, a pesar de tener defectos, como todo ser humano, demuestra que se pueden corregir los errores y luchar por lo que es correcto. Los superhéroes son idealizados, no por su poder ni porque luchan contra el mal, sino porque demuestran la idea de que el mal puede ser vencido.

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Estados Unidos es el país de los vigilantes y de los vengadores, sede de los superhéroes, amparado en la defensa de uno mismo y de los suyos a sangre y fuego como derecho desde la creación de la Primera Enmienda en 1787. Del continente hemos visto nacer las numerosas series de cómics que describen, camuflada tras la ficción, la historia y la personalidad de Norteamérica y Hollywood se ha convertido en la fábrica que transforma esas sagas y las alimenta de espectacularidad audiovisual e innovaciones tecnológicas. Sin embargo, a parte de los efectos especiales, en esas obras resalta el drama de un tiempo –la posmodernidad- y la crisis de unos ideales a través de la figura del superhéroe que, en el cine de los últimos años, renace como antihéroe, víctima de un mundo que oscila entre el bien y el mal, que encarna la búsqueda de la verdad absoluta frente al relativismo. Representa un ideal de hombre.

 roshak-referentEl siglo XX es la etapa temporal que más tragedias ha escrito y creado, reflejo de la cultura posmoderna de la humanidad. Los cómics de superhéroes surgen durante las Guerras Mundiales, etapa de una profunda crisis de la humanidad –“los sueños de la razón producen monstruos” dice Goya-. El hombre, a partir de entonces, se dio cuenta de que estaba sometido al drama del mal moral producido por él mismo. Por eso, frente al ejemplo del ideal griego, el nuevo héroe moderno se muestra vulnerable, humano; es un antihéroe que encuentra su heroicidad a lo largo del camino. Frente a un hombre recubierto de poder y ajeno al mundo se ensalza el lado más humano y su don de superhéroe reside en darse a sí mismo por ser quien es -su poder al servicio de los demás- (“un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”, oíamos decir al tío de Peter Parker al futuro Spiderman en la película de Marc Webb). En este camino de santidad, el antihéroe se convierte en héroe y referencia de la nueva sociedad. El cristianismo trae una respuesta al héroe griego. El héroe representado por Cristo no es un desesperado; ante el dolor y el sufrimiento, sabe que hay esperanza, se pasa del egoísmo al propio sacrificio, y el lema del nuevo héroe es “proteger y servir”. Los superhéroes de la nueva modernidad nos muestran el rostro del mal y el del bien, la crisis de valores y el miedo a lo ajeno y desconocido, pero también esperanza. En su conjunto, nos remiten a las faltas y debilidades de la posmodernidad, pero además a lo que de verdad salva a las personas: el amor, el perdón, la humildad…

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 El miedo al mal por el mal, a la destrucción del orden, a la pérdida de valores humanos y sociales, al terrorismo, lo encontramos en la historia de Batman. Tras el 11S, el ataque terrorista a las Torres Gemelas, icono de poder de los Estados Unidos, la violencia irracional inauguró la sociedad y la política del miedo, encarnada en el cómic en la figura del Joker y los criminales que lo rodean; aquí, el héroe se encuentra en la dualidad, el caballero blanco contra el caballero oscuro, en la lucha por no desvirtuar su código moral mientras imparte justicia y paz, máscara de todas esas personas que llevan una labor responsable para con la sociedad (políticos, abogados, policías, economistas…). El poder de la ciencia, la ambición de llegar a manejar el poder de Dios, es tratado en las obras de Hulk o Spiderman, donde el exceso conduce a la propia spiderman-wallpapers-amazing-spidermanautodestrucción. Los inadaptados de la sociedad se reflejan en los diferentes personajes de X-Men, quienes representan un grave problema de la actualidad: el respeto al otro, a las minorías, al valor de las personas por lo que son… Superman, obra de unos autores judíos, Jerome “Jerry” Siegel y Joseph “Joe” Shuster, hace alusión a la figura mesiánica de Cristo: un niño es enviado desde el planeta Krypton a la Tierra, donde siembra esperanza a través de su entrega por los demás. La saga de Los Vengadores, actualmente desarrollada por el director de cine Joss Whedon, recoge a muchos de los protagonistas de los cómics, los enfrenta juntos a las calamidades que amenazan el mundo y demuestran que el trabajo en equipo es necesario porque uno no puede hacer la guerra por su cuenta –mensaje que ha calado muy bien en el actual contexto de crisis económica y de valores-. Estos son algunos de los ejemplos que están triunfando en las pantallas cinematográficas durante los últimos años que, aunque atraen a numerosas audiencias, también pueden llegar a agotar por las repetitivas y casi protagonistas escenas explosivas (¿cuántas veces hemos visto caer Nueva York y San Francisco?).

 ¿Cómo explicamos entonces el auge del cine de superhéroes? En momentos de desesperanza, de pérdida de valores, de falta de verdad y de amor, unas figuras, los antihéroes, se convierten en modelos humanos a pesar de sus debilidades y errores, en superhéroes, y sin hacer acopio de sus dones o poderes, con su insistente lucha y su entrega nos demuestran que aún existe esperanza a vivir por un sentido, a lograr aquello que parece imposible, ayudándose los unos a los otros, con la certeza de que existen parámetros de cambio y de realización humana.

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 “Vivimos tiempos mediocres, señora Dunn. La gente empieza a perder la esperanza. A algunos les cuesta creer que haya cosas extraordinarias dentro de ellos y de los demás”. El protegido (M. Night Shyamalan, 2000)

 MARTA Gª OUTÓN

EDUCACIÓN EN EL CINE Y CINE EN LA EDUCACIÓN

El 21 de Septiembre de 2013, durante el 61 edición del Festival de San Sebastián, Juan Antonio Bayona recogió el Premio Nacional de Cinematografía de manos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El director de cine español insistió en que el premio no era sólo para él, sino que representaba y se lo merecían todas esas personas que habían trabajado con él o que habían permanecido a su lado, en especial sus padres –“mis héroes”-, quienes han sido su apoyo durante toda la vida. J.A Bayona se atrevió a recordar a los que se encontraban presentes durante la ceremonia –autoridades y público- “que sin cultura ni educación no se puede llegar a ninguna parte”. Y el cine es una de las claves para impulsarlo y además, aseguraba Bayona, “tenemos talento y herramientas para ser el mejor cine del mundo”.

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El ministro Wert enalteció a Bayona por ser ejemplo de superación y por su capacidad de “hacer creíble lo impensable”, haciendo referencia al enorme impulso que generó para el cine español su película Lo imposible. En su presentación, el ministro anunció la introducción del cine como nueva materia de enseñanza en el sistema educativo español con la intención de fomentar la formación de los jóvenes hacia el ámbito audiovisual, cada vez más latente y determinante en la sociedad actual, para enseñar a ver y amar las artes.

EN EL AÑO DE LA FE: UN CINE PARA VER Y CREER

El Papa Benedicto XVI habló del 2013 como “Año de la Fe”. El cine es un camino interesante para este “tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe”. “La Fe y la Belleza van unidas”, dijo Juan Pablo II. La fe exalta al arte y lo empuja hacia la meta última, la más importante

flowers_of_war_posterEl Séptimo Arte nos ayuda a descubrir qué es la Verdad, la Bondad y la Belleza. En los ejemplos de amor, de sacrificio, de perdón, de redención… el hombre encuentra el ejemplo de Cristo y, siguiendo su modelo, el camino para abrirse a la transcendencia. En la posmodernidad, donde el sujeto permanece perdido en la ambigüedad, sin la referencia de la fe ni de su pasado, individualista caminante en un mundo acompañado por Dios, nihilista sin esperanza en la Verdad… el arte se abre como medio de expresión de la transcendencia; nos presenta héroes convertidos en santos en constante lucha y sacrificio por defender unos valores humanos y cristianos. Durante estos últimos años, un cine luminoso aparece combatiendo contra un cine materialista y superficial, huyendo del tabú creado entorno a temas de fe, logrando posicionarse a la cabeza en la Academia obteniendo incluso el liderazgo en los Oscars.

En el Año de la Fe encontramos el referente, en su mayoría, en historias que están basadas en hechos reales. Destaca la búsqueda del amor, un amor en la caridad (Moscati, el médico de los pobres; Prefiero el paraíso), en la entrega por los demás (Profesor Lazhar, Maktub, El hombre de acero), en un amor sincero y puro lejos del apego interesado y superficial (Amor bajo el espino blanco, To the wonder, Buscando a Eimish) … También se defiende la vida y el sentido de vivir, fuera del sentimiento egoísta y egocéntrico, en películas como October baby, en el musical de Los Miserables e incluso en Lincoln, una historia que se centra en la lucha del presidente estadounidense por abolir la esclavitud de su país. Sin embargo, en el cine del Año de la Fe también se abre la posibilidad a la redención, a huir de una vida sin sentido, alejada del Bien, encerrada en uno mismo… (Grandes esperanzas, Los Miserables, Días de pesca, Las flores de la guerra o El gran milagro) y junto al renacimiento del hombre, aparece la búsqueda y la defensa de la fe y de la libertad: For greater glory, La vida de Pi, Érase una fe y Soulsurfer.

El joven Antonio, de la película Maktub de Paco Arango, nos contagia de alegría por la vida que Dios da; Moscati, un hombre que vivió entregado a su profesión, ofreció sus dones para ayudar a los más necesitados; muchos alumnos buscan en sus profesores el referente del que carecen y su apoyo y afecto los ayudan a sobreponerse a las dificultades; el cine asiático declara su sensibilidad cuando nos hace descubrir la vida y defenderla y Zhang Yimou, con Amor bajo el espino blanco y Las flores de la guerra, enaltece la pureza del corazón y redime a sus protagonistas dotándoles de un amor sincero y abierto a los demás. Los Miserables de Tom Hooper es una explosión musical que exalta la libertad, el amor y la fe, porque su protagonista, Jean Valjean, encuentra a Dios y con él, ofrece luz a personas que caminan solas en medio de una sociedad oscura. Los cristeros, en la guerra de Cristiada (For greater glory), así como Pi en su viaje por el mar, se aferran a su fe para sobrevivir en un medio hostil… Estas películas, entre muchas, demuestran al espectador que el camino en la defensa de los valores, en la búsqueda de la transcendencia y de la fe nos dirige hacia la Verdad.

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El hombre de hoy en día busca encontrarse, perdido en un mundo de contrastes (miseria espiritual/abundancia, riqueza/pobreza…); por lo tanto, el planteamiento artístico posmoderno presenta la inquietud por redirigirse. Es necesario buscar lo Absoluto y en muchas películas de este Año de la Fe se plantea la idea de volver atrás y mirar la vida con los ojos del alma, desde un pensamiento transcendente. El cine, poco a poco, va despertando como testigo de la fe y de la experiencia humana, de lo interior y de lo exterior, así como imagen de lo abarcable y de lo inabarcable.

No nos equivoquemos con el reflejo que pretendemos demostrar de una humanidad perdida en el cine. El público y los profesionales del Séptimo Arte necesitan buscar y exponer la Belleza, la Verdad y la Bondad para no caer en la desesperanza.

MARTA GARCÍA OUTÓN